COLUMNAS PLEBEYAS

Magnífica Humanidad - Sentido Común

Hay algo mucho más valioso que cualquier avance tecnológico: la dignidad humana, la justicia y la fraternidad.

03/06/2026

Por Nancy Alejandra Ortiz Ochoa

 

Recientemente, el 25 de mayo de 2026, el papa León XIV publicó la primera encíclica de su pontificado. Una encíclica es una carta enviada a apóstoles, fieles católicos y, como ellos dicen, a personas de buena voluntad. Hay encíclicas que han sido muy relevantes para los momentos históricos que se viven, como la Rerum Novarum del Papa León XIII (la primera encíclica social de la iglesia católica, publicada en 1891 y que hacía alusión, principalmente, a las condiciones laborales de los obreros en la revolución industrial). No todas las encíclicas han sido bien recibidas, algunas han sido cuestionadas por ser parciales u omisas ante atrocidades históricas que se han vivido en la historia de la humanidad.

 

Sin embargo, esta encíclica llamada Magnifica Humanitas, que sale en defensa de lo humano frente a la era digital, a muchas personas nos parece pertinente, valiente y vanguardista, ya que pone en el centro de la discusión cosas que están sucediendo pero que casi nadie se está atreviendo a cuestionar, ya sea porque no se ha logrado vislumbrar los alcances del uso de la inteligencia artificial, por el desconocimiento ante lo nuevo, por las pocas herramientas para abordar los problemas que está arrojando o los posibles problemas a los que nos podríamos enfrentar, ya sea por no lesionar los intereses económicos de las grandes industrias detrás del control de la inteligencia artificial o por el miedo a enfrentarlos.

 

Tal parece que estamos siendo simples espectadores de los grandes cambios que se están dando a partir de los avances de la inteligencia artificial y es el Vaticano el que nos viene a recordar que hay algo mucho más valioso que cualquier avance tecnológico: la dignidad humana, la justicia y la fraternidad. Ante este panorama, la iglesia católica ha dado el primer paso, si bien es cierto que este documento no es vinculante legalmente, socialmente cobra gran relevancia por la cantidad de fieles católicos que hay en el mundo.

 

Uno de los argumentos que se plantean en el documento es que “En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”.

 

Esta preocupación no es espontánea; es el resultado de la observación de los hechos históricos, donde el mercado y la clase económica que controla la riqueza en el mundo ha intervenido. Esto nos ha dejado la certeza de que el mercado no se regula solo, ni los privados buscan el bien común; el objetivo de las grandes empresas es la maximización de las ganancias por encima, incluso, del bien común. Por ello, los gobiernos tienen la gran tarea de tomar con seriedad la regulación ética del rumbo de la inteligencia artificial, antes de que estas grandes empresas creadoras de IA sean las que tomen el control de la historia de la humanidad.