
Digo que el mundo no parece convulsionarse porque no deja de ser trágicamente notorio cuánto hemos normalizado la barbarie.

Los gobiernos conservadores buscan limitar la influencia del Estado en los mercados, pero uno ultraconservador, sin pudor, se radicaliza, mezcla el nacionalismo con una visión autoritaria del ejercicio del poder.

La calle es porque el pueblo la camina, ese que ahora se ha puesto en el corazón de todas las cosas, que es el centro de la política, que ha elegido en su gran mayoría ir del lado de la conciencia social.