
La “no política exterior” es menos un diagnóstico que una operación de investidura: sólo existe el país que habla el idioma de la integración y la respetabilidad liberal. Cuando México intenta mirarse desde su historia, aparece provinciano; cuando disputa quién puede hablar en su nombre, desaparece.

La idea de libertarismo, tan importante para los movimientos revolucionarios, fue trastocada bajo la selectiva libertad de los capitales para acumular riqueza sin cortapisas.

Es probable que México sea el premio mayor en la estrategia del hegemón pirata. Pero para alcanzarnos, nos arrincona poco a poco.