COLUMNAS PLEBEYAS
Ni hablar, compay - Sentido Común
La salsa no morirá mientras sus letras, sus músicos y su ritmo sigan logrando condensar la voz popular latinoamericana.
23/02/2026
Cuando lo malo te turbe y te nuble el corazón
Piensa en América Latina y repite mi pregón.
Siembra – Willie Colón y Rubén Blades
A propósito de Debí tirar más fotos (DTmF), del músico puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny —donde se reconocen samples de “Calle Luna, Calle Sol” o “La Mudanza”, por citar dos ejemplos—, el Conejo Malo obtuvo no sólo el reconocimiento de sus escuchas más fieles, sino también el de aquellos músicos que en su momento idearon un código regional capaz de entusiasmar al continente entero.
Hace poco más de un año, Willie Colón escribió en su cuenta de X: “Todo el mundo me está llamando por el grito. Me sorprendió cuando lo vi. En un momento en el que la salsa y Puerto Rico necesitan un impulso. Benito, lo hiciste de una manera reflexiva y respetuosa. Me alegra ver esta evolución”.
Y, sin embargo, en medio de ese impulso —tras el histórico medio tiempo del Súper Bowl, donde Benito entendió que no hay diferencia entre Chuíto el de Bayamón, Atahualpa o Bola de Nieve— muere el pionero de la salsa que, junto a Héctor Lavoe, opuso vanguardia a la psicodelia anglosajona.
Los amantes de la controversia dirán que Colón no se acercó a Simón Bolívar ni ideológica ni geográficamente. Aquí no se sostiene lo contrario, pero ese es un falso debate postulado por los mismos que exigen de Bad Bunny una revolución armada al estilo del “Ché”, ¡te conozco, bacalao! Poco importa Jerry Mulligan, el coproductor de Fania señalado de anticastrista, frente al fenómeno popular de la salsa. El propio Willie sostuvo en vida que los izquierdistas compartían con las medusas la falta de cerebro, ¡lo que hay que ver!
Fobias aparte. Lo que aquí nos preguntamos es: ¿por qué la salsa resiste? Y, ¿por qué recordaremos a Colón pese a su ideología? Pienso entonces en la metáfora de Jorge Alemán sobre el Cristo que nunca deja de sangrar. La salsa vive porque articula demandas excluidas. Y lo excluido —como lo reprimido— retorna incesantemente. No se trata de un impulso -como afirmó Colón- que perece luego, sino de una pulsión constante e irrefrenable, como dijimos, que nunca deja de sangrar. Ese es el núcleo que la salsa comparte con todas las lógicas emancipatorias.
Vaya usted al mercado y compruébelo: suena en las calles, en los XV años, en el metro y en las fondas. Siguen vivos Niche, Chamaco y la Guayacán. Porque cuando se echa el síntoma por la puerta, vuelve más tarde por la ventana, como escribió Judith Miller. La salsa no morirá mientras sus letras, sus músicos y su ritmo sigan logrando condensar la voz popular latinoamericana.
“Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música y los recuerdos queridos que creó, los cuales vivirán por siempre”, escribió la familia en un comunicado publicado el pasado 21 de enero.
Es así, muere William Anthony Colón, pero no nuestra canción, y como Andrés Caicedo decimos: ¡Qué viva la música!