COLUMNAS PLEBEYAS
Las infancias son el hoy - Sentido Común
“Pensarles se vuelve urgente en un mundo donde los riesgos y las amenazas se han diversificado, aumentado y vulnerarles es muy fácil”.
01/05/2026
La perspectiva de infancia se vuelve necesaria en un mundo donde el rechazo hacia las y los niños es sistemático, normalizado y socialmente aceptado. Hay discursos de odio, actitudes de rechazo y absoluta indiferencia. Estas actitudes son abiertamente promovidas por la industria del entretenimiento, la cultura de consumo y los valores neoliberales. Todo esto se sustenta en lógicas adultocéntricas, donde, el sistema, el espacio, el disfrute y el protagonismo principal están centrados en personas adultas con capacidad de producir y consumir.
La industria del entretenimiento ofrece una variedad de servicios y atracciones “sin niños”, bajo el argumento de “son molestos(as)” y que, si no son tuyos, no se tiene por qué “lidiar” con ellos(as). Este discurso y dinámica son el resultado de una lógica que le apuesta más al individualismo que a una comunidad diversa, olvidando por completo que las y los infantes pertenecen a nuestra sociedad y son personas con garantías y derechos. Desde esta lógica, son pocos los espacios y acciones pensadas con perspectiva de infancias; a las y los niños, cuando no se les ignora, se les ve como sujetos de consumo.
Este desdén por las infancias se ve reflejado en la cantidad de violencia que se ejerce contra este grupo. En primer lugar, porque es un grupo cuyo bienestar depende de alguien más: muchos de sus violentadores son las personas responsables de su cuidado. Hay madres y padres que creen que las y los hijos les pertenecen y, por ello, pueden “hacer” lo que se les antoje; eso hace que se ignoren sus deseos, necesidades, bienestar, y se les violente constantemente.
En segundo lugar, culturalmente a las y los niños se les ha despojado de derechos; se les ignora con facilidad, se consideran poco sus necesidades, intereses o emociones; estas generalmente las decide la persona responsable a cargo del cuidado, porque se parte de la premisa de que las y los niños no razonan bien y, por lo tanto, no tienen clara sus ideas o emociones; con ello no estoy diciendo que haya que ser en extremo permisivos, no establecer límites, ni moldear la conducta.
En tercer lugar, la sociedad contemporánea se ha desresponsabilizado del cuidado y atención de ellas(os). En este sistema con lógica heteropatriarcal, las y los niños deben estar bajo el cuidado de las madres en el espacio privado, por lo tanto, las ciudades están construidas bajo una arquitectura adultocéntrica, donde el espacio se diseña para personas adultas sanas; se construyen y habitamos espacios sin perspectiva de infancias, donde la existencia de niñas y niños se ignora.
Pensar en las infancias se vuelve urgente en un mundo donde los riesgos y las amenazas se han diversificado, aumentado y vulnerarlos es muy fácil, ya que son incapaces de asumir una defensa férrea de sí mismos, no tienen capacidad de organización ni de gestión porque siempre dependen de alguien más, incluso de aquellas personas que les violentan. Las garantías que ofrece el Estado son muy útiles, pero insuficientes ante una sociedad que se muestra indiferente y ha normalizado la violencia contra ellos(as).