COLUMNAS PLEBEYAS

Calle Esperanza | Velitas de futuro - Sentido Común

“Hay que estar en los lugares donde están ellas y ellos para que pasen cosas buenas”.

23/04/2026

Por Francisco Vázquez Salazar

 

Muchos años en la docencia me han enseñado que las y los adolescentes y jóvenes son velitas de futuro. Ante ellas y ellos hay que tener mirada esperanzadora, cierta ternura, la idea de un camino y voluntad de carácter firme para embarcarnos en sus sueños.

 

En un reciente poema que escribí, que titulé Dulzura de Pueblo y en el que recorro distintas circunstancias que nos llevan al encuentro en una comunidad, sostengo que hay que estar en los lugares donde están ellas y ellos para que pasen cosas buenas:

 

“¿Y sí bajamos a los barrios

caminamos con los jóvenes

nos ponemos su música

y les decimos que queremos ser como ellos?”

 

Con antecedentes como los lastimosos hechos de violencia escolar que han sucedido en nuestro país (el más reciente, el de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde un chico asesinó a dos de sus maestras), acendrado por lo que ocurrió hace unos días en Teotihuacán, el Gobierno de México presentó el “ABC de las emociones”, que tiene como fin atender la salud mental de las y los jóvenes y adolescentes con metodologías que unen la salud, la educación y la cultura de paz.

 

Son seis ejes y al centro una frase contundente que nos grita que la responsabilidad es de todas y todos: Campaña de sensibilización; Guías para jóvenes, madres, padres, personas cuidadoras y docentes; Actividades en las escuelas; Asambleas informativas; Pláticas interactivas en escuelas, y Línea de la vida. Y como articulador la noción de “Cuidarse es un acto colectivo”, porque, si bien el autocuidado recae en cada individuo, lo cierto es que este responde también a una serie de factores, estímulos, recompensas, refrenos, etc., que le vienen del entorno en el que existe.

 

Los datos mostrados durante la presentación de este programa o estrategia señalan que la población adolescente (12 a 17 años) en general presenta mayores niveles que la población adulta en: malestar psicológico, comportamiento suicida y violencia.Esto es, el 10% de adolescentes expresan malestar psicológico (ojo con este dato:

 

13.2% son mujeres y 6.9% hombres), en 18.1% hay “prevalencia de cualquier tipo de violencia” y 4.7% han consumido “cualquier droga” alguna vez en la vida.

Interesante contrastar la forma de responder entre un gobierno de derecha y un gobierno de izquierda o progresista a situaciones de vulnerabilidad y de violencia que implican a jóvenes y adolescentes.

 

Con motivo de la violencia escolar que también ha estado presente de manera reciente en países como Chile y Argentina, en el primer caso, luego de que un estudiante (con conductas de aislamiento social y afectaciones en su salud mental) matara con un cuchillo a una inspectora en la ciudad de Calama e hiriera a varios de sus compañeros, el gobierno del Presidente José Antonio Kast anunció la creación de dos leyes en las que prevalece un carácter punitivo y de endurecimiento de sanciones, es decir, el castigo.

En México, en el contexto del ataque en la escuela de Lázaro Cárdenas, la Presidenta Sheinbaum dio a conocer que vendría un programa de atención a la salud mental de adolescentes y jóvenes (intervención socioemocional, podemos decir), como parte de un enfoque integral que pugna por el bienestar de las personas y las comunidades. Es de lo que hablamos hoy.

 

Pero retomemos lo que considero altamente valioso para avanzar en este propósito: estar con ellos. No solo acompañar o que cada quien y cada cual asuma su papel. No. Estar y ser con ellos.

Hace unos meses revisaba con un funcionario universitario la posibilidad de colaboración para incidir en espacios municipales con acciones desde la cultura de paz. Bien me dijo sobre una queja que suele haber en los territorios: “cuidar no ser placeros”. Es decir, evitar solo llegar a hacer jornadas de participación en las que se está en un lugar (generalmente plazas públicas) por unas horas, se recogen los tiliches y uno se marcha. Claro, concluyo: sin seguimiento, sin pertenencia, sin estar. A mantener encendidas esas velitas.