COLUMNAS PLEBEYAS

Un cinismo delirante - Sentido Común

Este cinismo en la política, en la ultraderecha en particular, no es exclusivo de México; es lo propio de la derecha internacional. Por ello, es que la oposición en México se siente respaldada.

10/06/2026

Por Antonio Bello Quiroz

 

Hace algún tiempo, quizá en 2023, en una entrevista con Carmen Aristegui, escuché al doctor Armando Bartra dar la mejor definición de la oposición en México que he escuchado: decía que el país tenía la peor de las oposiciones, una oposición delirante. Esta oposición delirante utiliza a una recua de “periodistas” vendidos que les hacen el trabajo de intentar construir en el país la narrativa que les dicta la ultraderecha internacional.

 

Basta que uno se dé una vuelta por los medios y las redes para constatar la definición de Bartra: nunca México ha tenido una oposición tan mediocre,  corrupta y, fundamentalmente, tan cínica. Alito Moreno, Jorge Romero, Ricardo Anaya, Salinas Pliego, Claudio X. González, Diego Fernández de Cevallos, Rubén Moreira, Samuel García, Lilly Téllez y un largo etcétera (aunque ni tanto), actúan con un cinismo tal que solo por eso debería dar miedo que en alguna ocasión pudieran volver al poder. Su desesperación por volver a tomar, no las riendas del gobierno —esas en realidad nunca las tuvieron— sino la operación de los recursos públicos, les lleva a plantear acciones que nos generan un temor bastante justificado.

 

Quizá siempre se han conducido con ese cinismo y lo sorprendente es el descaro con el que ahora se muestran. No les quedan muchas salidas y  tienen que mostrar tal cual su talante fascista. Mienten con descaro, pero más aún, y de ahí su condición delirante, se inventan una realidad en su imaginación y se la creen, o por lo menos piensan que los demás les creerán. Efectivamente, una oposición de tal calaña es lo peor que le puede pasar a cualquier país.

 

Las evidencias de su cinismo son abundantes; sin embargo, la última perla es inmejorable. Hace unos días el PAN presentó una denuncia en contra de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad; los argumentos rayan en el delirio, como tener vínculos con el crimen organizado.

 

El cinismo es que la presenta un partido cuyo expresidente espurio Felipe Calderón, después de robarse la Presidencia (con una confesión expresa de fraude hecha por el otro presidente emanado del PAN, Vicente Fox), y para buscar una legitimidad que no pudo conseguir en las urnas, declaró una guerra contra el narco que en realidad fue una simulación (protegía a un cartel mientras fingía combatir a otros) que llenó al país de sangre y muerte y que tiene ahora a quien fue su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, en una prisión en los Estados Unidos.

 

Y todavía más, los grupos delictivos que hoy están siendo combatidos, todos, fueron creados durante los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; es decir, ellos crearon lo que hoy acusan. Así es el delirio, ahora impulsado por el gobierno estadounidense y sus halcones en una acción con intenciones claramente injerencistas y con la complicidad del gobierno del estado de Chihuahua.

 

Y por si faltara algo, en las elecciones del 7 de junio en Coahuila, el PRI vuelve a ser el PRI que nunca ha dejado de ser y comete un evidente fraude electoral y, en el colmo del cinismo, lo presume como un gran triunfo. Es como el estudiante que presume haber pasado de panzazo y copiando.

 

En fin, la clase política y económica que se mueve como oposición en México ha hecho del cinismo su bandera y la única forma en que puede apenas  sostener la obsesión por el poder; opera desde la rabia que le produce haber perdido lo que consideraban su privilegio de clase superior por cualquier causa, que en la ultraderecha adquiere carácter delirante, como el color de piel, la clase social, las condiciones económicas y un largo etcétera.

 

El supremacismo de cualquier bandera es un delirio. Sus serviles y perversas acciones coinciden como una calca con lo que nos ilustra el diccionario de la RAE sobre el cinismo: «Del latín cynismus. 1. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. 2. Impudicia, obscenidad descarada». La oposición cumple a cabalidad con esta definición.

 

Este cinismo en la política, en la ultraderecha en particular, no es exclusivo de México; es lo propio de la derecha internacional. Por ello, es que la oposición en México se siente respaldada (y seguro es impulsada), fundamentalmente por las derechas de Estados Unidos y España, e incluso por los criminales intereses del sionismo.