Pinocho: al corazón no se le hacen críticas

Columnas Plebeyas

Quince minutos bastaron para reconocer que la pieza que estaba frente a mis ojos estaba hecha desde el corazón, algo que para los tiempos que corren es una empresa casi imposible de llevar a cabo, pues, como alguna vez me dijo Héctor Martínez (personaje pilar en el mundo del espectáculo en México), hay que luchar contra el excel, y vaya que el excel tiene una intensa lucha contra todo aquello que sale del corazón. Tal parece que lo que la industria quiere es la maquila. Y aunque a veces la industria alega que lo que a ella le beneficia es lo que el público quiere, pide o desea, Pinocho no es lo que la industria quiere, sino lo que quiere Guillermo Del Toro, y a mi parecer el resultado fue algo que no sé si el público también pedía, pero vaya que lo necesitaba.

En el mundo actual, en donde la mayoría de las películas de niños, además de considerarlos idiotas, se conciben con el claro objetivo de la venta de muñecos y donde su contexto es creado a partir de lo que la sociedad quiere escuchar para con ello tener acceso a la mayor cantidad del público, Pinocho se sale con la suya y se crea a partir de sí misma, es decir, la película es primero y la venta y el contexto después, y esto se nota. Esta película parte de ella misma para llegar a profundidades emocionales maravillosas, cada cuadro del filme está moldeado con el corazón en la mano de Del Toro, ¿Por qué alguien como Guillermo tiene la capacidad de hacer algo así? Simple, porque ama lo que hace y desde ese amor genuinamente trata de que la idea que transita por su cabeza llegue al ojo del espectador de forma tan clara como a la que él tiene acceso en el mundo de sus ideas. Hay una lucha por llegar a eso de forma nítida y genuina, encima es evidente que cree que es importante que el discurso que quiere transmitir en el filme llegue al oído de la mayor cantidad de escuchas, Del Toro ve el amor y la bondad como un rayo de luz en un mundo en donde la oscuridad es preponderante, y esta película es justo ese rayo de luz que podría cambiar el rumbo de los pensamientos de un niño, un adulto o una familia entera.

El apartado técnico del filme es una cosa del más allá, no sólo por la clara maestría del cuadro a cuadro, que por lo menos yo nunca había visto a tal nivel, sino porque además Pinocho se planta y va en contra de las técnicas actuales de animación, que por supuesto que con el paso de los años avanzan en cuanto a capacidad tecnológica se refiere, pero tal parece que la accesibilidad y maestría al que se ha llegado en la animación 3D también ha llevado a lo que menciono en mi primer párrafo: la maquila indiscriminada y la pérdida de sensaciones genuinas, intercambiadas por discursos de moda. Es decir, con este estilo de animación Del Toro no solamente perfecciona una forma de animar que ya tenía bastantito tiempo olvidada (por lo menos en Hollywood), sino que logra recuperar ese corazón que la industria ha ido perdiendo con el paso de los años. Eso para mí es una doble victoria cristalizada en la forma que el filme nos ofrece.

Por supuesto que la película no es perfecta, por supuesto que los apartados en los que Del Toro cojea vuelven a ser claramente visibles, por supuesto que hay dos que tres cosas que te sacan de la ficción y hacen que tu entrecejo se junte, por supuesto que pasando la euforia nos iremos dando cuenta de muchos de los errores que pasamos por alto, pero… ¿qué importa? ¿Por qué digo esto?, porque considero que… al corazón no se le hacen críticas.

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