Spiderverse: el arte de la animación

Columnas Plebeyas

Desde hace un tiempo nuestro querido Guillermo del Toro viene haciendo la defensa del cine de animación. Una de sus frases estandarte es aquella de que la animación es arte y la verdad es que yo no le creo. ¿Por qué? Porque a veces, cuando de forma inherente se le adjudica un peso así a algo, nos empezamos a confundir y se empiezan a hacer cualquier cantidad de piezas que abusan de nuestra inteligencia y de la tendencia al escaso esfuerzo, pero, eso sí, con la palabra arte por delante. Entonces, creo que la animación no es un arte inherente, pero sí creo que a veces el arte toma forma de animación y, sin duda, en Spider-Man: Across the Spider-Verse sucede una de esas veces.

La película es una carta de amor a la animación. Se nota a leguas lo adoradores que son de este tipo de expresión los directores de este gran filme. Aquí no hay amiguismos, no es el hijo del director el que hizo equis, no es la novia del fotógrafo la que hizo ye, y no es la esposa del director de diseño la actriz de voz de tal personaje: aquí hay profesionalidad pura, confianza, y una inversión que hizo justicia a todas las ideas que se lograron llevar a cabo.

Por supuesto que la película no es perfecta, hay momentos en los que pareciera que la personalidad de todos los Spiderman simple y sencillamente no se puede alejar de esa graciosa identidad, burlona, temeraria, gallarda, tan bien confeccionada para el por todos amado Peter Parker. También es verdad que el guion está armado para poder mostrarnos todo tipo de animaciones; y por supuesto que se agradece, pero la realidad es que tarda en agarrar ritmo.

Pasando este bache y a pesar de que el filme tiene una estructura narrativa simple y un guion más bien orientado al fácil entendimiento a favor de un público joven, hay propuestas interesantes. Hay inclusión, pero no para salir del paso y aprobar el examen de la corrección política, sino sincera, de un entendimiento social profundo, que conecta con propios y extraños. Cuando algo se ejecuta desde lo genuino, se siente así. Otra de las cosas interesantes de la cinta es la lectura de nuestro presente y las decisiones que tomamos a futuro: la lucha contra la máquina no forma parte de un futuro distópico, ya nos encontramos ahí y ni siquiera nos damos cuenta. Hay un momento en que la película es clara: la información que nos otorga un ordenador no es la verdad, sino un resultado que nos permite dilucidar de forma un poco menos azarosa lo que la verdad podría llegar a ser según resultados numéricos; pero cometer atrocidades climáticas, sociales y económicas porque un algoritmo lo dice es simple y sencillamente ridículo.

El que me parece el mensaje más poderoso de Spider-Man: Across the Spider-Verse sucede cuando se cometen atrocidades bajo el estandarte de la bondad y el virtuosismo, ante lo que uno de los protagonistas cuestiona: ¿pero sí somos los buenos, verdad? El antagonista, disfrazado de salvador, contesta: sí, nosotros somos los buenos.

Hace un tiempo un productor me exigía, bajo los lemas de lo correcto y lo que hacen las personas buenas, que discriminara, censura, golpeteara, faltara al respeto, cancelara, con señalamientos sumamente agresivos y en ocasiones incluso racistas. La desgracia mayor ahí era que él realmente creía que era el bueno, sin darse cuenta de las exigencias tan viles que pensaba que debían seguirse. Tal como ocurre en esta película.

El filme nos habla de cómo los discursos más viles y de odio pueden venir disfrazados de inclusión, las discriminaciones más grandes se están cometiendo bajo la bandera de la integración. Y cuando menos lo esperemos una nueva ideología supremacista que invite a la agresión puede salir de la entraña de alguien que no se ha dejado de repetir que es el bueno de la historia. Spider-Man: Across the Spider-Verse nos pone un perfecto ejemplo de ello.

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