COLUMNAS PLEBEYAS
EE.UU. y el fracaso de su maquinaria propagandística: cuando la verdad supera al relato - Sentido Común
“Quizá hoy en día la verdad puede más que las mentiras repetidas mil veces”.
16/04/2026
Hace unos días, The Guardian publicó un artículo que revelaba que Estados Unidos, a través de un cable firmado por el secretario de Estado Marco Rubio, había ordenado a todas sus embajadas y consulados en el mundo que implementaran campañas coordinadas de propaganda.
El documento sugiere la colaboración de estas instancias con la unidad de operaciones psicológicas del ejército. El objetivo es combatir la propaganda antiestadounidense pues, según el mismo, “estas campañas buscan culpar a Estados Unidos, sembrar la división entre aliados, promover visiones del mundo alternativas contrarias a los intereses estadounidenses e incluso socavar los intereses económicos y las libertades políticas de Estados Unidos”.
Esta disposición sorprende viniendo de un país cuya fundación e historia se basan en el despliegue de operaciones psicológicas. Tengamos presente que la independencia de EE.UU. comenzó con el “motín del té”, una protesta contra los altos impuestos y el monopolio sobre ellos por parte de Gran Bretaña que no tendría nada de ilegítima, excepto si se consideran un par de detalles cruciales que a menudo se omiten en el relato.
Los colonos americanos que abordaron los barcos británicos en Boston para arrojar 342 cofres de té al mar eran miembros de los “Hijos de la Libertad”, una organización secreta de “patriotas” que en realidad defendía los intereses de la élite mercantil local. Esta organización estaba encabezada por John Hancock, uno de los hombres más ricos de las colonias.
Además, estos “patriotas” se disfrazaron de indios Mohawk para llevar a cabo la acción. Según la versión oficial, este disfraz tenía como objetivo reivindicar la identidad de los “americanos” y garantizar el anonimato de los participantes. Sin embargo, desde la perspectiva crítica, se interpreta que esta estrategia no solo fue un acto de cobardía, sino que también cumplía con una función práctica de negación plausible en caso de que la rebelión fracasara. En realidad, el motín fue una operación psicológica meticulosamente planeada.
Desde entonces, los aparatos ideológicos de Washington han sido fundamentales para el despliegue de su hegemonía, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Por lo tanto, el llamado de Marco Rubio a contrarrestar la propaganda en contra de la Unión Americana parece un chiste que se cuenta por sí solo.
Si destinaste 22,800 mdd para diplomacia pública y operaciones exteriores con el fin de combatir “influencias malignas”, gastaste 7,300 mdd en “asistencia internacional”, tienes un presidente que despilfarró 384 mdd obtenidos por recaudación propia y otros 694 mdd adicionales provenientes de comités afiliados en propaganda para su última campaña presidencial, e incluso emprendes campañas para temas específicos que superan los 200 mdd, como la desplegada en contra de los migrantes en EE.UU. y, aun así, fracasas en convencer al mundo de que en esta película llamada realidad tú eres el bueno, entonces definitivamente algo estás haciendo muy mal.
Marco Rubio debería reflexionar en que quizá hoy en día la verdad puede más que las mentiras repetidas mil veces. Parece que no importa cuánto dinero se destine para que las acciones promovidas desde Washington en contra de los pueblos palestino, cubano e iraní sean entendidascomo parte de la cruzada de Estados Unidos de llevar la paz, la prosperidad, el desarrollo y la democracia al mundo (una misión que, por cierto, se ha asumido por mandato divino). Para la comunidad internacional estos actos son comprendidos como lo que son: verdaderos crímenes de lesa humanidad.