COLUMNAS PLEBEYAS

Calle Esperanza | “Me pareció verlo en su verde monte…” - Sentido Común

“Es la primera vez que tengo dinero en el banco, yo creo son unos siete u ocho
varos (miles de pesos) que ya junté“.

25/03/2026

Por Francisco Vázquez Salazar

Lo encontré trepado en la azotea de la casa de su hermana, donde instalaba una

antena de televisión.

 

“Aprovechar ahora que hay dinerito”, me confió.

 

Con palabras atropelladas, sin mirarme porque estaba entretenido insertando

tubos y cables, me dijo que estaba contento porque ya le había caído el pago de

su pensión de adulto mayor. “Es la primera vez que tengo dinero en el banco, yo

creo son unos siete u ocho varos (miles de pesos) que ya junté”.

 

Daniel se dedica a la venta de focos y lámparas LED, de diferentes watts, en los

tianguis del sur de la Ciudad de México. Es originario de un poblado del estado de

Puebla, en los linderos con Veracruz y, cada que puede, regresa al que fue el

hogar materno para tratar de tener una vida más digna. No acabó la primaria, toda

su vida ha trabajado prácticamente en la economía informal, su familia y él se

abandonaron y todo pintaba para el naufragio en su vejez.

 

Sus caminatas para vender su mercancía son largas, agotadoras. A sus 76 años

no es fácil andar del tingo al tango, pero no le ha quedado de otra para sobrevivir

en la ciudad capital, como la canción de Jacinto Cenobio.

 

Le pregunté si estaría un buen tiempo en su pueblo, y pude anticipar que con lo

que tiene, y no había tenido, podría tomar la opción de flojear (disculpen ustedes

que me haya colonizado en ese momento el pensamiento neoliberal: por su edad,

Daniel ya debiera estar en el retiro).

 

Al contrario. Respondió que al día siguiente regresaba a la chamba, haría un retiro

de dinero para comprar más mercancía y seguirle. “Las ventas han andado más o

menos, pero se avecinan días buenos”.

 

“Es la primera vez que tengo dinero junto”, tengo para surtir más, repitió.

Daniel vive con varias personas más en cuartos colectivos que rentan en la

Merced, alcaldía Venustiano Carranza. Paga 20 pesos diarios por dormir ahí,

sobre un tapete. Se desayuna y come con 90 pesos al día: 30 pesos los usa con

su amigo que vende café, pan y tortas afuera del metro Universidad, y 60 pesos

en el mercado de comidas de Pino Suárez: “ahí dan los tres tiempos de la comida

corrida”.En México, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores

llega a todos quienes tienen más de 65 años de edad, lo que actualmente da un padrón

de alrededor de 14 millones de beneficiarios. Este programa, al que la oposición

en su momento catalogó como “tiradero de dinero” de parte de los gobiernos de la

4T, invertirá en 2026 poco más de 500 mil millones de pesos, pues a cada adulto

mayor se le depositan de manera directa seis mil 400 pesos bimestrales (hubo un

aumento reciente).

 

Ahora los regresos de Daniel a su pueblo, donde tiene una vieja pero funcional

camioneta Isuzu, son también para ver tierras que le heredó su padre. Este año

sembró casi tres hectáreas en un llano con suelos pobres, pero logró obtener tres

toneladas de maíz pinto.

 

No es buena época para el maíz. Invirtió como 20 mil pesos (en varios momentos,

según se avanza con la siembra) y logrará recuperar unos 18 mil: le pagaron a

cuatro pesos el kilo, más lo que pueda obtener por la venta de pacas de zacate.

De esa cantidad de dinero, seis mil ya los fue a pagar a la señora Martha, su

vecina, que le prestó para la pizca. Está por regularizar sus tierras; eso le ayudará

a entrar a programas de apoyo al campo del Gobierno Federal.

 

Llegué a verlo justo cuando estaban cargando el último bulto de su cosecha.

 

Luego de una charla, me dijo que iba al centro a hacer unas compras y que si se

me ofrecía algo. Hacía calor y le pedí el favor de traerse unas cervezas, que yo las

invitaba.

 

“No, cómo crees, ya hay dinerito”, reviró.

 

— ¿Cuándo se regresa a la ciudad?, le pregunté.

— Mañana. Hay que ir a la chamba.

 

Se fue al centro a hacer compras, con la dignidad más cargada que nunca.

 

(Título: fragmento de la canción “Jacinto Cenobio”, de Francisco Madrigal)