COLUMNAS PLEBEYAS
Calle Esperanza | “Me pareció verlo en su verde monte…” - Sentido Común
“Es la primera vez que tengo dinero en el banco, yo creo son unos siete u ocho
varos (miles de pesos) que ya junté“.
25/03/2026
Lo encontré trepado en la azotea de la casa de su hermana, donde instalaba una
antena de televisión.
“Aprovechar ahora que hay dinerito”, me confió.
Con palabras atropelladas, sin mirarme porque estaba entretenido insertando
tubos y cables, me dijo que estaba contento porque ya le había caído el pago de
su pensión de adulto mayor. “Es la primera vez que tengo dinero en el banco, yo
creo son unos siete u ocho varos (miles de pesos) que ya junté”.
Daniel se dedica a la venta de focos y lámparas LED, de diferentes watts, en los
tianguis del sur de la Ciudad de México. Es originario de un poblado del estado de
Puebla, en los linderos con Veracruz y, cada que puede, regresa al que fue el
hogar materno para tratar de tener una vida más digna. No acabó la primaria, toda
su vida ha trabajado prácticamente en la economía informal, su familia y él se
abandonaron y todo pintaba para el naufragio en su vejez.
Sus caminatas para vender su mercancía son largas, agotadoras. A sus 76 años
no es fácil andar del tingo al tango, pero no le ha quedado de otra para sobrevivir
en la ciudad capital, como la canción de Jacinto Cenobio.
Le pregunté si estaría un buen tiempo en su pueblo, y pude anticipar que con lo
que tiene, y no había tenido, podría tomar la opción de flojear (disculpen ustedes
que me haya colonizado en ese momento el pensamiento neoliberal: por su edad,
Daniel ya debiera estar en el retiro).
Al contrario. Respondió que al día siguiente regresaba a la chamba, haría un retiro
de dinero para comprar más mercancía y seguirle. “Las ventas han andado más o
menos, pero se avecinan días buenos”.
“Es la primera vez que tengo dinero junto”, tengo para surtir más, repitió.
Daniel vive con varias personas más en cuartos colectivos que rentan en la
Merced, alcaldía Venustiano Carranza. Paga 20 pesos diarios por dormir ahí,
sobre un tapete. Se desayuna y come con 90 pesos al día: 30 pesos los usa con
su amigo que vende café, pan y tortas afuera del metro Universidad, y 60 pesos
en el mercado de comidas de Pino Suárez: “ahí dan los tres tiempos de la comida
corrida”.En México, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores
llega a todos quienes tienen más de 65 años de edad, lo que actualmente da un padrón
de alrededor de 14 millones de beneficiarios. Este programa, al que la oposición
en su momento catalogó como “tiradero de dinero” de parte de los gobiernos de la
4T, invertirá en 2026 poco más de 500 mil millones de pesos, pues a cada adulto
mayor se le depositan de manera directa seis mil 400 pesos bimestrales (hubo un
aumento reciente).
Ahora los regresos de Daniel a su pueblo, donde tiene una vieja pero funcional
camioneta Isuzu, son también para ver tierras que le heredó su padre. Este año
sembró casi tres hectáreas en un llano con suelos pobres, pero logró obtener tres
toneladas de maíz pinto.
No es buena época para el maíz. Invirtió como 20 mil pesos (en varios momentos,
según se avanza con la siembra) y logrará recuperar unos 18 mil: le pagaron a
cuatro pesos el kilo, más lo que pueda obtener por la venta de pacas de zacate.
De esa cantidad de dinero, seis mil ya los fue a pagar a la señora Martha, su
vecina, que le prestó para la pizca. Está por regularizar sus tierras; eso le ayudará
a entrar a programas de apoyo al campo del Gobierno Federal.
Llegué a verlo justo cuando estaban cargando el último bulto de su cosecha.
Luego de una charla, me dijo que iba al centro a hacer unas compras y que si se
me ofrecía algo. Hacía calor y le pedí el favor de traerse unas cervezas, que yo las
invitaba.
“No, cómo crees, ya hay dinerito”, reviró.
— ¿Cuándo se regresa a la ciudad?, le pregunté.
— Mañana. Hay que ir a la chamba.
Se fue al centro a hacer compras, con la dignidad más cargada que nunca.
(Título: fragmento de la canción “Jacinto Cenobio”, de Francisco Madrigal)