COLUMNAS PLEBEYAS
De Teherán a Islamabad - Sentido Común
Irán ha demostrado dos cosas: que puede impedir la victoria militar estadounidense y que puede estrangular el sistema comercial global.
15/04/2026
Estamos en los idus de abril. Trump lleva seis semanas haciendo la guerra al pueblo iraní, cuya constitución política, aprobada por su gente en 1979, aún se sostiene. No hubo cambio de régimen. La Asamblea de Expertos eligió un nuevo Líder Supremo de acuerdo con la norma. En 40 días, Irán ha demostrado dos cosas: que puede impedir la victoria militar estadounidense y que puede estrangular el sistema comercial global. Esto no es poco.
Trump amenazó con el genocidio: destruiría la civilización iraní. Puede hacerlo. Estados Unidos es una superpotencia nuclear de alcance global. Antes, Trump se había confrontado con la Alianza Atlántica y torpedeó —¿sin remedio? — el sistema de defensa que aseguraba a EUA el control del extremo occidental del gran continente euroasiático.
Así las cosas, la Casa Blanca aceptó sentarse a negociar con los representantes de la República Islámica de Irán (RII). John Mearsheimer desde la Universidad de Chicago, se atrevió a decir lo inaudito: EUA perdió la guerra. Al cerrar el Estrecho de Ormuz, los iraníes demostraron dominar una baza geopolítica esencial. Academia dixit.
Desde su pequeño “punto rojo” del extremo Oriente, el canciller singapurense Vivian Balakrishnan, aclaró que su Estado no negociará con la RII un arreglo de peaje por el Estrecho de Ormuz, aclarando que establecería un mal precedente. ¡Atención! Singapur domina la entrada al Estrecho de Malaca y —por lo mismo— podría cerrarlo a su capricho.
Pero Singapur perdería más y por eso defiende la libre navegación comercial en todos los estrechos del mundo. Mercado dixit.
Teóricos y comerciantes nos muestran que Trump se ha metido en una trampa imposible.
Anne Applebaum sugiere en The Atlantic que los líderes de Europa lo saben y que el único que no entiende lo que está ocurriendo es el propio tirano. Como sea, el “líder del mundo libre” debió aceptar la mediación de Pakistán y envió an Islamabad una delegación para buscar un arreglo con los iraníes.
Las redes sociales comentaron de inmediato el contraste entre las delegaciones en la capital paquistaní. La supuesta teocracia estaba representada por cuatro doctores:
Mohammed B. Qalibaf, presidente de la MAJLIS (asamblea nacional electa), quien tiene un doctorado en formación de las instituciones locales en la Universidad Tarbiat Modarrés de 1Teherán; Abbás Araghchi, el canciller, quien es doctor por la Universidad de Kent —con una disertación sobre la participación política en sociedades islámicas—; Alí Akbar Ahmadián, cabeza del consejo de seguridad nacional y teórico de la guerra asimétrica, con un doctorado en administración estratégica por la universidad militar iraní y, finalmente, Abdul Nasser Hemmati, el presidente del banco central iraní, economista con doctorado en la Universidad de Teherán. Adicionalmente, todos han participado activamente en la política electoral iraní desde muy jóvenes.
Frente a ellos, los delegados de la Casa Blanca en Islamabad parecen enanos. Ciertamente, el almirante Brad Cooper, cabeza del U.S. Central Command, está en principio a la altura de sus contrapartes. Y —si somos generosos— J.D. Vance fue electo vicepresidente de los EUA junto a Trump. Pero ¿qué hace allí el yerno del presidente, Jared Kushner? ¿O Steve Witkoff, su socio inmobiliario y compañero de golf? Estos últimos fueron los que echaron por la borda la negociación en curso justo antes de iniciar la guerra.
Veintiún horas más tarde, Vance se retiró de la mesa. No hay sorpresas. Un imperio sobreextendido y ahorcado por sus propias contradicciones requeriría delegados de más altura, diría el Conde-Duque de Olivares.