COLUMNAS PLEBEYAS

La geopolítica del fracking: soberanía o dependencia - Sentido Común

“La discusión real es si compramos ese gas a EUA o si lo producimos internamente”.

15/04/2026

Por Oscar Rojas

La presidenta Claudia Sheinbaum ha detonado la discusión pública en un tema controvertido y con múltiples implicaciones para el desarrollo de nuestro país: se trata del fracking o fractura hidráulica, método de extracción de gas no convencional con un alto impacto en el cuerpo natural. Este concepto nos recuerda los momentos de mayor oscuridad en la embestida neoliberal, bajo el contexto de la Reforma Energética de 2013, con la que Peña Nieto buscó ceder el control estratégico de este sector a la voracidad trasnacional.

 

Como se sabe, la consecuencia de aquella violencia neoliberal impactó directamente en la capacidad infraestructural y operativa de PEMEX, lo que llevó a un desmantelamiento progresivo de la capacidad de refinación y aprovechamiento de sus derivados para asegurar el abastecimiento de electricidad en el país. Esto nos colocó en la actual problemática de ser un país con una alta dependencia de las importaciones (75%) de gas desde Estados Unidos. Este es el talón de Aquiles del Sistema Eléctrico Nacional, herida todavía sensible del viejo modelo económico.

 

No está de más señalar que esta dependencia tiene un componente de mucha mayor sensibilidad: EUA está transitando por una crisis hegemónica que se ha manifestado a través del uso de cualquier mecanismo de presión del que puede tomar ventaja para imponer sus condiciones. Esto compone una guerra asimétrica ejecutada a través de la guerra arancelaria, así como la guerra militar, lo que coloca el tema en uno de los momentos de mayor riesgo para los proyectos con pretensión de soberanía. La experiencia crítica desde la pandemia, la guerra en Ucrania (OTAN-Rusia) y hoy la guerra de EUA-Israel contra Irán imponen una dura lección para todos los países: la viabilidad futura depende de la capacidad de autonomía energética.

 

Pero todavía más, aunque se pudiera pensar que la discusión es entre aceptar el fracking o no, la realidad es más cruda que eso: el origen del gas que importamos para el consumo de familias y empresas en nuestro país se extrae ya bajo esta técnica. Es decir, la discusión real es si compramos ese gas a EUA o si lo producimos internamente. De hecho, no es en absoluto un detalle menor que los pozos de extracción estadounidenses se encuentren a escasos cien metros de la frontera; es decir, provienen de la misma cuenca que compartimos ambas naciones.

Además, hay una variable que se ha transformado profundamente desde aquella discusión durante la década pasada, y tiene que ver con el esquema con el cual el Estado mexicano se combina con la iniciativa privada. Actualmente, bajo la nueva Ley del Sector Hidrocarburos, publicada el 18 de marzo de 2025 en el Diario Oficial de la Federación, se puso fin a la vieja reforma peñanietista, impulsando la recuperación del carácter público y estratégico de PEMEX y la CFE. Con ello, larectoría del Estado se impone bajo la reglamentación clara de que la participación privada tiene que transferir tecnología a la empresa pública y, además, debe ajustarse al plan energético que responde, a su vez, al Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030.

 

Lo que será importante en próximos días será agregar a la discusión la información de los técnicos expertos para describir cuál es el estatus tecnológico real del fracking hoy en día, pero también es medular que no perdamos de vista que el objetivo final no es estacionarse en esta técnica, sino utilizarla precisamente para financiar la diversificación de la matriz energética ya en marcha. Que siga la discusión.