Sequía y estabilidad nacional

Columnas Plebeyas

En la década de 1980, el gobierno de la Ciudad de México lanzó una campaña de concientización sobre el uso del agua.

En ella, un niño decía una frase que se volvió popular en la época: “¡Ya ciérrale! Te las estás acabando”. Cuarenta años después esa advertencia, que dejó de resonar con igual fuerza en los siguientes años, es una realidad que nos ha alcanzado. La hora cero para la capital mexicana tiene ya una fecha precisa, explicó la Comisión Nacional del Agua (Conagua), y está muy cerca: el 26 de junio de este 2024 se agotarán las reservas del sistema Cutzamala.

En el verano de 2022, Monterrey experimentó una crisis sin precedentes tras quedarse sin el líquido. No obstante, los casos de la capital de Nuevo León y la Ciudad de México no son únicos en el país. El porcentaje de áreas con sequía, de moderada a excepcional, a nivel nacional fue de 60.45 por ciento.

Si bien la sequía es un fenómeno normal y cíclico, está aumentando de manera inquietante a nivel global debido al cambio climático. El aumento de la temperatura en el planeta está ocasionando una sequía extrema en varias partes del mundo. Cataluña, por citar un ejemplo, se encuentra en emergencia, al tener sus reversas al 16 por ciento de su capacidad, tras casi diez meses sin lluvias sustanciales. Tal como sucede ahí, el nivel de las presas y los mantos acuíferos en los cinco continentes está llegando a mínimos históricos y el panorama a futuro no es para nada alentador.

Volviendo al caso de México, la sequía está colapsando la producción agrícola. En el sur de Morelos, por citar sólo un caso, el año pasado se perdió casi la totalidad de los cultivos de maíz. Su producción a nivel nacional cayó un 40 por ciento. Hasta septiembre del año pasado, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural reportó más de 500 mil hectáreas de cultivos siniestrados en todo el país debido sobre todo a la temporada de estiaje. La escasez de productos agrícolas ha ocasionado, en consecuencia, el aumento de sus precios y la importación de alimentos, dejando estragos en la economía y, por consiguiente, en el bolsillo de los consumidores.

En el caso de la capital del país, donde el 40 por ciento del agua se pierde en fugas, la crisis hídrica se ha visto acentuada por el imparable crecimiento inmobiliario. El Frente en Defensa de los Derechos de los Pueblos y Barrios Originarios de la Cuenca del Anáhuac recientemente ubicó trece megaproyectos inmobiliarios, tanto habitacionales como comerciales, que se calcula consumirán en conjunto casi 10 millones litros de agua al día; cuatro de estos proyectos ya cuentan con la autorización de impacto ambiental que otorga la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Mientras se sigan autorizando este tipo de megaproyectos en la Ciudad de México, además de construcciones irregulares fruto de la corrupción, es evidente que los esfuerzos para sobrellevar esta crisis hídrica sin duda resultarán insuficientes.

La sequía que está azotando al país y que se está agudizando se presenta en un momento de elecciones, de decisiones que definirán el futuro del país. Se requiere que en esta situación extraordinaria se garantice una gestión justa del agua, que se evite su acaparamiento y se informe correctamente a la población sobre lo que se está haciendo para contrarrestar esta preocupante tendencia ambiental. Si el gobierno federal, que redujo el presupuesto en este rubro para este año, y el de la Ciudad de México no son capaces de manejar esta crisis, muy probablemente, en mayor o menor medida, habrá un costo político para el partido en el poder y se pondrá en riesgo la continuidad de los llamados cuarta transformación y el plan C, junto con la estabilidad que el país ha alcanzado en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

Hay que recordar que en las últimas elecciones en la capital del país, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) perdió seis alcaldías como consecuencia del voto de castigo. La derecha, que históricamente se ha inclinado por privatizar y entregar los bienes de la nación, en caso de recuperar poder podría agravar aún más esta emergencia. La oposición ya está usando este tema como botín político para atizar el descontento social y sacar ventaja. Tanto Claudia Sheinbaum como Clara Brugada, quienes se perfilan con gran ventaja en las encuestas como posibles ganadoras de las elecciones federal y capitalina, respectivamente, tienen un reto enorme para evitar que la crisis hídrica escale a una crisis social, sanitaria o incluso de seguridad.

El 2024 se pronostica que será un año con temperaturas récord, lo que proyecta en el futuro próximo escenarios preocupantes e inciertos.

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