Caso Ariadna: los hilos de la impunidad

Columnas Plebeyas

La secuencia de hechos del caso del feminicidio de Ariadna Fernanda responde a la lógica de una impunidad alimentada por autoridades podridas, dinero y, sin lugar a dudas, medios de comunicación siempre prestos a venderse al mejor postor. 

Rautel tuvo claro que no tenía que hacer tanto para evitar ser descubierto, el mayor testimonio de ello es haber dejado en su estela videos que lo incriminaban, además de haber sacado el cuerpo de Ariadna a plena luz del día, sin pudor y con plena libertad de acción. El cuidado no importaba porque sabía que podía contar con el fiscal de Morelos, que daría carpetazo al asunto, y para eso lo único que tuvo que hacer es asegurarse de que el caso quedara dentro de su jurisdicción, por eso el cuerpo de Ariadna fue encontrado ahí. 

La historia hubiera sido una más de las que nos hemos acostumbrado a asumir con indignación y que es usada por medios de comunicación para legitimarse como voz de denuncia de casos que nunca serán resueltos. Pero se resolvió y eso desacomodó todo: apenas quedó en evidencia la complicidad de la autoridad morelense y se detonó un proceso que podría desembocar en sanciones, los responsables, sus aliados y un amplísimo apoyo mediático instrumentaron un nado sincronizado para desacreditar las investigaciones de la fiscalía capitalina y sembrar la duda sobre su veracidad. Usaron, como siempre, omisiones y dobles criterios. Un par de ejemplos: para poder decir que hay “dos necropsias enfrentadas” y ponerlas en el mismo nivel muchos medios convenientemente olvidaron alarmantes mentiras por las que el fiscal Uriel Carmona tuvo mas tarde que desdecirse, como que el cuerpo supuestamente “no presentaba señales de violencia”. Igualmente, en muy pocos espacios se cuestionó que la médico legista de Morelos salió a decir que no podía haber segundas necropsias, para cancelar la credibilidad de la realizada a solicitud de la fiscalía capitalina (no por sus peritos, por cierto, sino por el Instituto de Ciencias Forenses del Tribunal Superior de Justicia). Frente a estas declaraciones a casi nadie se le escuchó decir: “¿Cómo que no?, si en otros casos a los que hemos dado cobertura ha habido segundas y hasta terceras necropsias”.  A pesar de las evidentes contradicciones y omisiones de la Fiscalía de Morelos, uno ve repetirse en noticieros la pregunta: “¿Quién miente?”, como si se hubieran dormido en un cacho de la película. Mientras, un nutrido conjunto de columnistas y comunicadores de plano omiten hablar de los hallazgos del caso, para mejor intentar sembrar la idea de que existen intenciones oscuras de Claudia Sheinbaum detrás de la investigación, la comunicación de sus resultados y la consecuente conclusión de que hubo encubrimiento.  

El caso de Ariadna podría marcar un punto de inflexión al abrir brecha en materia de justicia, si logra establecer el antecedente de que un fiscal que traiciona su misión rinda cuentas.  Se verá si la contundencia de las evidencias logra vencer las resistencias de un aparato dispuesto a revictimizar y a hacer prevalecer la impunidad por razones políticas. 

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