Noroña y Mayer: ¿justos por traidores?

Columnas Plebeyas

A un mes de las elecciones, las disputas internas en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se han hecho más evidentes. Después del plan C, el trabajo más difícil empieza: mantener la unidad. Analizaré brevemente dos disputas internas en el partido guinda. 

Rápidamente, tomo postura: considero aberrante la designación de Sergio Mayer como diputado federal plurinominal por Morena, pues representa todo lo que está mal con la cúpula morenista en la actualidad: desplazar perfiles valiosos en la izquierda con el fin de posicionar traidores probados, pero que forman parte de algún cochupo forjado en las oscuras catacumbas del poder. Además, encuentro desafortunadas ciertas declaraciones que tildaron de estúpidas las críticas a la incorporación de Mayer, arguyendo que desplazar a un diputado de Morena es hacerle el juego a la derecha. 

Pero en algo tienen razón: su suma a las listas se dio a conocer a mediados de febrero; si la demanda de la militancia hubiera tomado la fuerza que tiene en estos momentos, la dirigencia morenista se hubiera visto forzada a desplazar al conservador Mayer y remplazarlo por otro perfil. Sólo chillamos ya que nos metieron el gol, no salimos a defender la portería con la vehemencia necesaria.

Por otra parte, la disputa interna que más ruido ha hecho, y la que más urge resolver, es la del descontento de Gerardo Fernández Noroña. El diputado petista se presentó a la contienda como un participante casi de relleno, con un presupuesto casi nulo y poco favorecido por las encuestas; sin embargo, a través de su originalidad en el proceso, una concepción ética y política a ras del suelo que recuerda a la del presidente López Obrador y su innegable carisma, sorprendió, al posicionarse como el tercero en la encuesta del partido para definir la candidatura presidencial. Si se ponderan dichos resultados con los de las encuestadoras espejo, cae al cuarto lugar por un estrecho margen. 

La demanda del parlamentario es sencilla y clara: que se respeten los acuerdos de la contienda por la candidatura presidencial. En ellos se estipulaba que el tercer lugar obtendría la dirigencia de la bancada de Morena en el senado y el cuarto un puesto en el gabinete legal del ejecutivo federal. 

Los argumentos para marginar a Noroña a ser únicamente un senador son todos, cuanto menos, endebles. Hay quien sostiene que es un buen tribuno, pero carece de la capacidad técnica y de conciliación que requiere uno de los dos puestos a los que aspira. Quien afirma esto adolece de amnesia selectiva, puesto que olvida el buen trabajo que hizo como vocero de la campaña de Claudia Sheinbaum, o como consejero del Partido del Trabajo (PT) ante el Instituto Nacional Electoral (INE).

Hay quienes también alegan que debe ser castigado por distanciarse del presidente allá por el 2012. Ellos olvidan el papel que ha tenido durante este sexenio como el gran defensor de la cuarta transformación en el legislativo. Además, si ese fuera el criterio, parece que olvidamos que quien se encargará de la Secretaría de Economía faltó a todas las reglas establecidas en el proceso interno, al cuestionarlo, o cómo quien presidirá la bancada de Morena en el Honorable Congreso de la Unión no ha hecho más que estirar la liga con el movimiento desde 2020. Ellos fueron premiados por traicionar, pero Noroña, quien se mantuvo fiel a los principios del movimiento, ¿debe ser marginado por un viejísimo conflicto?

Mención aparte merece lo que considero una desafortunada declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando dijo que las reglas internas del proceso sólo aplicaban para los militantes de Morena, mientras que Noroña es del PT.

Este argumento cae por sí solo por dos razones: la primera es pura matemática, si de los seis aspirantes únicamente cuatro eran militantes de Morena, ¿por qué en los acuerdos se asignaron seis puestos, uno por cada precandidatura? Segundo, y más importante, esa declaración no hace más que fortalecer la sospecha, compartida por muchos, de que a Morena poco le queda de movimiento y se va convirtiendo, cada vez más, en una estructura burocrática de partido, una maquinaria electoral. Perder el carácter de  movimiento no es una opción, no se puede renunciar a la esencia de un fenómeno social como la 4T sin esperar consecuencias negativas.

Por tener una base popular amplia y leal, marginar a Noroña sería un error. Por fortuna, en su caso, a diferencia del de Mayer, la dirigencia morenista está a tiempo de rectificar.  

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