Dolores oligarcas

Columnas Plebeyas

El 23 de marzo, la compañera Alejandra Sánchez subió un video muy sencillo pero contundente sobre el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), en el que vemos buenas instalaciones y mucha afluencia. Esto incomodó a un sector de la oligarquía. En específico, Denise Dresser copió y pegó el tuit de Alejandra y lo llamó «loas al AIFA», y luego hizo algunas anotaciones a modo.

Por ejemplo: que registra menos de 100 operaciones al día y que el tren suburbano que lo conectará no existe aún. Incluso hizo una anotación con velado clasismo: los vuelos internacionales son a Panamá, República Dominicana y Venezuela, como si eso fuera malo o poca cosa. ¿Qué nos dice esto del ánimo oligarca? ¿Cómo se sienten y qué les duele, y por qué esto es relevante?

El dolor oligarca es un tema importante en México. Lejos de ser un asunto marginal, grandes capítulos de nuestra historia se escribieron por actos y plumas empapados por él. Andrés Manuel ha dicho que dedicará una parte de su retiro a estudiar al conservadurismo, que incluye sus motivaciones y pulsiones. ¿Por qué? ¿Qué lleva al más grande líder político de México de los últimos 100 años a querer dedicar su tiempo de retiro a este tema? 

Si leemos las posiciones oligarcas —sobre todo recientemente, frente al fracaso de su candidata X—, veremos que están llenas de odio y resentimiento, y lo han querido disfrazar de crítica. Violeta Vázquez Rojas ha desmontado esta simulación recordándonos recientemente que la crítica no es “ver lo malo”, sino un ejercicio de ponderación. Agregaría: se trata de desentrañar la lógica, la racionalidad, los motivos detrás de las acciones, y no sólo montarse en un ladrillo para señalar lo que está bien y lo que está mal.

Yo no veo esta ponderación en las opiniones oligarcas. Lo que veo más bien es odio; una baja pasión que no encuentra mucha contención. Es una especie de repulsión por los de enfrente que se explica y se define en los contornos de lo estéticamente intolerable: los de enfrente no son quienes deben gobernar. 

No se llega muy lejos en el análisis político soslayando esta variable, simplemente porque es transversal a opinólogos y opinólogas oligárquicos: Aguilar Camín diciéndo(se) que nadie cree realmente que Andrés Manuel no se quiera reelegir; Dresser burlándose de AMLO por una foto trucada en la que el presidente sale con penacho y diciendo que “sólo los fanáticos no tienen sentido del humor” (por mucho menos ha acusado censura, sin mucho tino conceptual); Castañeda llamando abiertamente y quitado de la pena a la guerra sucia como parte un manual electoral del que se asume experto…

¿Cómo explicar estas posturas y dichos sin las emociones detrás de ellos? Las categorías tradicionales no son suficientes. ¿Es esto una deliberación racional, un debate intelectual, una diferencia de opinión y de perspectivas de prioridades y modos de hacer política? Por supuesto que no, o no solamente: es, entre otras cosas, una velada expresión de odio que no termina de explicarse que el pueblo, sin los títulos nobiliarios y estudios en el extranjero que solían ostentarse, haya encontrado maneras de expresarse a través del Estado; no sin problemas, no sin desaciertos, pero ¿alguien puede negar que este es el gobierno más popular de México de los últimos 100 años? ¿No es esta una buena noticia para quienes se dicen demócratas?

Un buen primer paso sería reconocerse oligarcas. Sería adecuado para entenderlos mejor, e incluso para que ellos mismos manejen mejor sus opiniones, sin tanta autorrepresión. 

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