Continúa AMLO sus cápsulas históricas con Ricardo Flores Magón: dio la vida por sus principios

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“Para los jóvenes: nadie como Magón, en circunstancias tan difíciles, ha demostrado que se puede mantener la firmeza en las convicciones contra viento y marea”

Fuentes: Conferencia Matutina e INEHRM

CIUDAD DE MÉXICO (Sentido Común). – El presidente continuó sus clases magistrales de historia mexicana desde su Mañanera, ahora con el luchador social y precursor de la Revolución, Ricardo Flores Magón, quien dijo, dio su vida por defender sus convicciones.

“Tenemos la dicha enorme de tener un pasado glorioso, tanto en lo cultural como en lo histórico, de los pocos países en el mundo que tienen una tradición cultural tan profunda, milenaria y una historia tan fecunda por la lucha de nuestros dirigentes, mártires, los héroes de nuestra patria, y eso es lo que nosotros llamamos Humanismo Mexicano”, arrancó el presidente.

Ricardo Flores Magón (1873-1922) se caracterizó por tener firmes convicciones a favor de la justicia social, fraternidad y libertad, “era un hombre enérgico, pero fiel a sus ideas. Es fácil tacharlo de sectario o de intransigente, pero es difícil ignorar su congruencia.

“Nadie como él, en circunstancias tan difíciles, ha demostrado que se puede mantener la firmeza en las convicciones» contra viento y marea. Para los jóvenes: mantener las convicciones”, subrayó.

En la reseña escrita por el mandatario en su último libro ¡Gracias!, relata que Magón era originario de la Sierra Mazateca de Oaxaca y que era un hombre enérgico, congruente y fiel a sus ideas, lo que le valió estar exiliado y encarcelado en Estados Unidos.

En vísperas de su muerte, el también periodista explicó a su amigo Nicolás T. Bernal las razones por las que no pediría perdón para ser liberado de la cárcel, como se lo habían sugerido las autoridades estadounidenses.

En una carta fechada al 6 de diciembre de 1920, desde la Penitenciaría Federal de los Estados Unidos, Leavenworth, en Kansas, mencionó:

«Me pudriré y moriré dentro de estas horrendas paredes que me separan del resto del mundo, porque no voy a pedir perdón, ¡no lo haré! En mis 29 años de lucha por la libertad lo he perdido todo, y toda oportunidad para hacerme rico y famoso; he consumido muchos años de mi vida en las prisiones; he experimentado el sendero del vagabundo y del paria; me he visto desfallecido de hambre; mi vida ha estado en peligro muchas veces; he perdido mi salud; en fin, he perdido todo, menos una cosa, una sola cosa que fomento, mimo y conservo casi con un celo fanático y esa cosa es mi honra como luchador».

“«Pedir perdón significaría que estoy arrepentido de haberme atrevido a derrocar al capitalismo para poner en su lugar un sistema basado en la libre asociación de los trabajadores para consumir y producir, y no estoy arrepentido de ello. Pedir perdón significaría que abdico de mis ideas anarquistas; y no me retracto; afirmo, afirmo que si la especie humana llega alguna vez a gozar de verdadera fraternidad y libertad y justicia social, deberá ser por medio del anarquismo. Así pues, mi querido Nicolás, estoy condenado a cegar y a morir en la prisión; más prefiero esto que volver la espalda a los trabajadores, y tener las puertas de la prisión abiertas al precio de mi vergüenza. No sobreviviré a mi cautiverio, pues ya estoy viejo; pero cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: ‘Aquí yace un soñador’ y mis enemigos: ‘Aquí yace loco’. Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: ‘Aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas’»”.

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