Por Tania Arroyo Ramírez
El pasado 16 de marzo, el colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sumergió
a Cuba en un apagón generalizado, un síntoma crítico de una crisis que en los últimos
meses arrastra jornadas de hasta 20 horas sin luz. La isla ha resistido durante más de 60
años la asfixia ejercida por Washington sobre su economía; sin embargo, el bloqueo ha
alcanzado su punto más álgido con la parálisis total del suministro de petróleo.
Venezuela sostuvo la matriz energética cubana durante un cuarto de siglo. Pero el asedio
económico de Estados Unidos en contra de la Revolución Bolivariana obligó a interrumpir
la regularidad del flujo del energético el año pasado. México emergió entonces como un
aliado estratégico y, para 2025, se convirtió en el principal proveedor de petróleo y
refinados de la isla.
Pero este puente energético se ha quebrado. Venezuela detuvo sus envíos tras la
“Operación Resolución Absoluta” del pasado 3 de enero. Simultáneamente, el Gobierno
Mexicano suspendió el suministro del recurso ante las amenazas de aranceles punitivos
proferidas por Donald Trump. El último aliento energético hacia la isla llegó el 9 de enero
de 2026, cuando el buque mexicano Ocean Mariner entregó 86,000 barriles. Desde ese
día, el genocidio silencioso promovido históricamente por el imperialismo estadounidense
se recrudeció.
La carencia de combustible ha derivado en condiciones asimilables a un crimen de lesa
humanidad. Al ser la columna vertebral de una infraestructura vital, su ausencia paraliza la
distribución de alimentos, impide la realización de cirugías hospitalarias y anula los
sistemas de saneamiento. Actualmente, 10.9 millones de habitantes enfrentan una
aniquilación sistemática por inanición y la falta de atención médica; el colapso de estos
servicios causa ya muertes evitables.
El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, insiste en que las negociaciones con la Unión
Americana deben basarse en el respeto a la soberanía. Sin embargo, la prensa
estadounidense afirma que Washington condiciona la reactivación del suministro a su
renuncia.
Durante décadas, los presidentes estadounidenses se han opuesto al gobierno
“comunista” de Cuba, pero han respetado el acuerdo de no intervención pactado con la
entonces Unión Soviética durante la crisis de los misiles de 1962. No obstante, el mismo
día del apagón, Trump declaró: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba […] puedo hacer
lo que quiera con ella, si quieren saber la verdad. Son una nación muy debilitada […]” y
afirmó que, después de Irán, se ocuparía de Cuba.
Por lo pronto, con la precarización de las condiciones de vida del pueblo cubano, desde
Washington se generan las condiciones para un golpe de Estado. Aunque, como haquedado claro con Venezuela, no debe descartarse una intervención directa, un factor
que seguramente condiciona ya las decisiones del gobierno cubano.
Ante el despliegue del “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, la respuesta de los
pueblos nuestroamericanos es urgente. Cuba es el objetivo inmediato y, no importa lo que
se negocie, México es el siguiente en la lista. Así que, por humanidad, Claudia Sheinbaum
y Delcy Rodríguez no pueden escatimar esfuerzos para reanudar el suministro de petróleo
a la isla. Como recordó Andrés Manuel López Obrador, citando a Lázaro Cárdenas ante la
invasión a Playa Girón: “No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha,
porque su suerte es la nuestra”.