COLUMNAS PLEBEYAS

Pensar la guerra - Sentido Común

Sus coordenadas son el derecho y la violencia: ahí donde hay ausencia o fracaso del primero, la segunda se desata.

06/03/2026

Por Antonio Bello Quiroz

El mundo está en guerra: bélica en algunas regiones, y mediática en todos lados. La guerra se ha vuelto un espectáculo y, de manera deliberada,se nos hace partícipes de ella. Esta imposición nos obliga a reflexionar sobre ella y, en mi caso, solo podría hacerlo desde el psicoanálisis.

 

Sigmund Freud, quizá el mayor escrutador del alma, no pudo ser ajeno a la guerra. Vivió de cerca las dos guerras mundiales reconocidas como tales hasta ahora y consolidó una parte relevante su obra en el periodo conocido como interbellum, que comprende 20 años entre la Primera y la Segunda Guerras Mundial, aunque su muerte ocurrió antes que finalizara la segunda.

 

En 1915, un año después de iniciada la Primera Guerra Mundial, en su texto Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte, Freud sostenía que la guerra era inevitable si se presentaban dos características: una marcada desigualdad de condiciones de existencia de los pueblos y una repulsa violenta del semejante. Vale recordar que los tres hijos varones de Freud (Martin, Ernst y Oliver) participaron en la Primera Guerra Mundial sirviendo al Ejército Austrohúngaroy que, además, el nazismo causó la muerte de cuatro de sus hermanas.

 

Se sabe que el genial Albert Einstein le escribióuna carta a Sigmund Freud el 30 de julio de 1932 con una simple pregunta: ¿Por qué la guerra? Le dice: “Querido profesor Freud, ¿existe algún medioque permita al hombre librarse de la amenaza de la guerra?”. Más adelante agrega: “¿Existe la posibilidad de dirigir el desarrollo psíquico del hombre de manera que pueda estar mejor armado contra las psicosis de odio y de destrucción?”.

 

El psicoanalista medita su respuesta y se toma su tiempo. En su carta, antes de intentar una respuesta a las preguntas del físico de la relatividad, plantea la coincidencia que ubica en el núcleo del problema de la guerra: la tensión entreel derecho y la fuerza. Le dice a Einstein: “¿Me permite usted que reemplace el término fuerza por el más incisivo y duro de violencia?”.

Sus coordenadas son el derecho y la violencia: ahí donde hay ausencia o fracaso del primero, la segunda se desata. Esta falta de la función reguladora de ley se encuentra en el núcleo de los conflictos bélicos que nos aquejan.

La respuesta de Freud no es muy alentadora. Después de un riguroso análisis de la historia de la humanidad, su condición y la civilización, termina señalando que, si acaso en algún futuro pudiera abolirse la guerra, se requeriría una cultura capaz de generar una sociedad de pacifistas, donde, utópicamente, exista “el temor justificado de las repercusiones de una conflagración. ¿Por qué caminos o desvíos? Es imposible adivinarlo. Mientras tanto, podemos decirnos: “Todo lo que trabaja en favor del desarrollo de la cultura trabajatambién contra la guerra”.

En nuestros días es evidente que las dos condiciones planteadas por el inventor del psicoanálisis para que irremediablemente haya guerra se cumplen cabalmente en las ofensivas bélicas que vive ahora el mundo (y México, en alguna medida). Por un lado, una enorme desigualdad en las condiciones de existencia de los pueblos y, por otro, un odio que se expresa en una repulsión mutua muy violenta.  

En este sentido, desconozco si quienes diseñaron el Plan Nacional de Seguridad Pública de la Presidenta Claudia Sheinbaum conocían esta referencia de Sigmund Freud. Sin embargo, de algún modo, sus cuatro ejes —Atención a las causas; Consolidación de la Guardia Nacional; Inteligencia e investigación; y CoordinaciónAbsoluta —, particularmente el primero, parecen dialogar con lo planteado por Freud en su texto de 1915. Más aún, el planteamiento se orienta hacia la que él consideraba la única salida posible: trabajar en el desarrollo de la cultura es, también, trabajar contra la guerra.