COLUMNAS PLEBEYAS
La ultraderecha y la insensatez de su violencia - Sentido Común
Llamar a la violencia, implorar intervenciones, atizarle a la mentira y apostarle a la división es la peor y más peligrosa estrategia para ser oposición.
10/02/2026
El mundo vive tiempos aciagos, no cabe duda. Nos enfrentamos a una amenaza que en nada es menor a la que se vivió con la pandemia de COVID-19; un peligro con efectos de carácter global. Con diferentes matices y modulaciones, en el mundo los siniestros tambores de guerra se escuchan fuerte, retumban y contagian. En cada región hay tamborileros que llaman y celebran los enfrentamientos, incitan a la violencia.
La ultraderecha en el mundo y, en México, en su ceguera y codiciosa insensatez, llama a la invasión extranjera con argumentos cada vez más delirantes y, con ello, convocan a la guerra sin tener la más mínima conciencia y responsabilidad sobre las consecuencias o, peor aún, sabiéndolas no cejan en su ambición. Les mueve la ilusión de que, por la vía de violencia, en medio de la revuelta, puedan entonces recuperar los privilegios que han creído suyos; y como ellos mismos lo han dicho, en sus limitaciones, sin proyecto y sin rumbo -donde radica su peligro-, no perciben otras acciones que no sea la incitación a la violencia.
Las ultraderechas son agresivas y hostiles en todos sus matices. Apuestan a la violencia y, con ello, a la ruptura del lazo social; buscan, hasta el delirio, hacerse de la narrativa con la idea de que eso justificaría, incluso, una intervención extranjera, sin importarles o, quizá con esa intención, el potencial destructivo y los daños que eso generaría en la sociedad.
La violencia se ubica del lado del acto y no de la palabra. Incitar a ella, por los medios más abyectos, implica suspender el uso de la palabra -los mecanismos democráticos- como la vía por la cual dirimir las diferencias.
Sabemos bien que es en el umbral donde la palabra se suspende que se produce la violencia, como lo advierte el psicoanalista francés Jacques Lacan: “¿No sabemos acaso que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia y que reina, ya allí, incluso sin que se la provoque?”.
Llamar a la violencia, implorar intervenciones, atizarle a la mentira y apostarle a la división es la peor y más peligrosa estrategia para ser oposición.