COLUMNAS PLEBEYAS
Prevención, autocuidado y salud de las mujeres - Sentido Común
Es justo reconocer que el Estado mexicano actúa apuntalando la ampliación de derechos mediante infraestructura e invitando al cambio cultural.
11/03/2026
De acuerdo con los datos más reciente de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR 2024, INEGI) el 52.5% de defunciones por tumores malignos correspondió a mujeres, y de éstos, el cáncer de mama es el padecimiento más común en el rango de mujeres de 30 a 59 años, seguido por el cáncer de cuello de útero y después el de ovario. En mujeres de 60 y más años, se mantiene el cáncer de mama como el de mayor prevalencia y, también, mortalidad. Afortunadamente, la aparición de células cancerosas o tumores puede detectarse tempranamente y, de este modo, la cura de la enfermedad tiene una alta tasa de éxito.
Ante este panorama, la inauguración del Hospital Oncológico para la Mujer por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum, el pasado 9 de marzo, atiende una problemática de enorme gravedad, pero que afortunadamente puede prevenirse con relativa facilidad. En la conferencia del pueblo, la presidenta enmarcó la inauguración de este Hospital en el Día Internacional de la Mujer, buscando poner el foco en una problemática que merece toda la atención y ciertamente es secundaria en las consignas del feminismo masivo que sale a las calles cada 8M.
Las estadísticas de morbilidad muestran que muchas mujeres llegan al consultorio cuando los síntomas ya están presentes y, por lo tanto, la enfermedad ha avanzado. Si bien una explicación es la falta de acceso a los servicios preventivos, en el complejo entramado de la salud también sigue pesando el factor cultural. Llamativamente, observamos que las enfermedades relacionadas con la salud sexual están presentes con mayor prevalencia en las mujeres, por una parte, naturalmente, dado el delicado equilibrio de los órganos reproductivos y los caracteres sexuales primarios y secundarios; pero también por el inminente peso cultural de los roles de género, los cuales tienen como consecuencia que ellas prioricen el cuidado de los miembros de su familia por encima del autocuidado.
Además, a esta situación se suma el estigma en torno a la atención de los órganos sexuales e incluso la sensación de invasión al cuerpo que está ligada a las revisiones ginecológicas, en cuya práctica se han documentado ampliamente la negligencia y la violencia ginecobstétrica, sobre todo en los procesos de embarazo y parto.
Por eso, es una tarea titánica revertir tanto la falta de acceso a la atención preventiva como modificar los resabios culturales que afectan directamente a la salud y esperanza de vida de las mujeres. Entonces, si bien la conmemoración del Día Internacional de la Mujer ha sido un momento legítimo para la expresión de las demandas masivas de las mujeres organizadas, es también justo reconocer que el Estado mexicano, en este caso, actúa apuntalando por un lado la ampliación de derechos mediante infraestructura, y por otro emitiendo mensajes que invitan al cambio cultural, que otorgue mayores derechos, autodeterminación y bienestar de todas las mujeres.