COLUMNAS PLEBEYAS
Juárez y la soberanía de los pueblos - Sentido Común
“Todas y todos, en nuestra justa dimensión, somos entes soberanos cuya libertad depende del reconocimiento de la libertad del otro”.
16/02/2026
En días recientes, la célebre frase de Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, ha sido atinadamente evocada ante nuevos episodios de intromisión estadounidense en la política latinoamericana. Para México, la frase juarista es un principio rector de la política exterior, porque sintetiza con claridad la convicción de que la diplomacia y el respeto mutuo son la base de sociedades pacíficas.
Juárez reivindicó que cada nación es soberana y que el equilibrio entre pueblos libres solo puede sostenerse mediante la no intromisión: el respeto al derecho ajeno como fundamento ético y político. Esta máxima opera en todos los niveles, desde la convivencia entre individuos hasta la relación entre Estados. Nos recuerda que todas y todos, en nuestra justa dimensión, somos entes soberanos cuya libertad depende del reconocimiento de la libertad del otro.
El lema histórico de Juárez surgió en el contexto de la Segunda Intervención Francesa, uno de los periodos más dolorosos para México. Durante esos años, el país enfrentó la imposición de un imperio extranjero y la amenaza real de perder su soberanía. Juárez encabezó la resistencia republicana durante todo ese tiempo, aun sabiendo que su vida estaba en riesgo permanente. Su liderazgo, ejercido desde la itinerancia y la precariedad, sostuvo la legitimidad del gobierno republicano frente a la invasión y mantuvo viva la causa de la independencia nacional. Todo ello con una clara consciencia del legado que podría dejar para el futuro.
Ejemplo de ello ocurrió en mayo de 1867, cuando en medio de su inminente derrota, Maximiliano invitó a Juárez a reunirse con él en la Ciudad de México. Juárez respondió consciente de su trascendencia histórica: “Es dado al hombre, algunas veces, atacar los derechos de otros, apoderarse de sus bienes, amenazar la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer que las más altas virtudes parezcan crímenes y a sus propios vicios darles el lustre de la verdadera virtud. Pero existe una cosa que no puede alcanzar la falsedad ni la perfidia y que es la tremenda sentencia de la historia. Ella nos juzgará”.
Tras encabezar la resistencia durante cinco años, Juárez entró finalmente a la Ciudad de México el 15 de julio de 1867. Ese día pronunció la histórica frase que se convertiría en uno de los pilares de la cultura política mexicana, como una forma de enfatizar que el camino inmediato era reconstruir la paz. Pero en el mismo discurso hay otra frase menos conocida que dice: “En nuestras libres instituciones, el pueblo mexicano es el árbitro de su suerte”, también cargada de significado, que complementa el ideal soberano, porque el derecho, para ser legítimo, tiene como sustento el mandato popular.
El triunfo republicano, que Juárez describió como una segunda independencia, selló, con la resistencia de una generación de liberales, uno de los principios más profundos de la cultura política de México: un país marcado por el intervencionismo, pero con un pueblo siempre dispuesto a defender su soberanía.