COLUMNAS PLEBEYAS
Sin brújula, Mark Carney les da norte - Sentido Común
Carney y Sheinbaum andan caminos paralelos.
11/02/2026
Después de que Mark Carney, primer ministro de Canadá, ofreciera un impecable discurso en la cumbre de Davos, numerosas plumas en México han reclamado el derecho de sentirse aludidas para sumarse al llamado de enfrentar las tiranías desde la trinchera de las potencias medias. Han usado este llamado, además, para atacar la política exterior de México y la legitimidad democrática del gobierno de Claudia Sheinbaum.
En su discurso en Davos, Carney nombró la hipocresía en un orden internacional en el que las reglas funcionan con excepciones para los más fuertes y donde, tras la llegada de Donald Trump, la integración económica se ha convertido en un arma para la coerción política. El problema radica en que, escuchando bien, Carney no les habla a las plumas liberales mexicanas; de hecho, ni siquiera le habla a México, sino a quienes han sido los aliados de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial –Australia, Inglaterra, Alemania y Japón– y, ante todo, a los ciudadanos canadienses. No podría ser un discurso para quienes, en el pasado, desde México y otras geografías, han reclamado las inequidades de la jerarquía internacional o han llamado a la construcción de órdenes económicos más responsables.
El nuevo pragmatismo canadiense ya tomaba forma. Días antes de Davos, Carney anunció un acuerdo comercial con China con el que concluyen casi una década de enfrentamientos iniciados bajo el gobierno de Justin Trudeau. Pero el primer gran giro del gobierno Carney se dio, de hecho, sobre México. A la llegada de Trump al gobierno estadounidense, Carney decidió abandonar la política del gobierno de Trudeau de usar la confrontación con México como un instrumento de política interna y de negociación con Estados Unidos. El acercamiento de Carney a México no solo fue diplomático, pues su política exterior se asemeja cada vez más a la mexicana, muy a pesar a las plumas ya aludidas.
Carney tiene menos de un año como primer ministro, pero más de una década como banquero central de Canadá e Inglaterra. Tiene ya, además, el equivalente a dos vidas de experiencia en el manejo de crisis: primero con la debacle económica provocada por la irresponsabilidad regulatoria estadounidense que condujo a la crisis financiera de 2008; y después, en el caos económico del brexit de la Inglaterra de David Cameron, Boris Johnson y copartidarios.
Quienes aluden al discurso Carney para lamentarse en México probablemente también esperaban en el intervencionismo estadounidense un asidero político frente a los cambios en el modelo económico. Pero, si ha de ser consecuente con su discurso, Carney fortalecerá los vínculos con México bajo una visión pluralista del desarrollo económico, donde importa más la capacidad del Estado de liderar la transformación, que los principios de la vieja escuela del Estado retraído. Carney y Sheinbaum andan caminos paralelos.