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El agua, fundamental en las políticas ambientales de las ciudades y el país

Las alcaldías que captan agua no reciben beneficios equivalentes y equilibrados con otras con mayor poder adquisitivo, como Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo

agua - cdmx

La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma; así, el agua puede estar en estado líquido, sólido o gaseoso, su masa puede expandirse o reducirse, pero nunca cambia su esencia. El ciclo hidrológico es un continuo contenido en la atmósfera y la biósfera, pasa por los seres vivos, su transporte y compañía, y a través del suelo y subsuelo. Este flujo constante es el sustento de la vida en el planeta.

Uno puede imaginar que pone en una única esfera toda el agua de la Tierra, lo que dejaría ver que ocupará apenas una décima parte del total de su superficie; si extraemos sólo el agua dulce, ocupará una vigésima parte de ese primer diez por ciento. El agua potable, útil para consumo humano, será todavía veinte veces más pequeña que ese último porcentaje: un punto diminuto del total. Desde el espacio, el planeta parece una gran esfera cubierta en tres cuartas partes de agua, pero la mayoría de su total es una masa enorme de materiales sólidos, arenosos, minerales que producen energía de atracción.

Este pequeño recorrido astronómico sólo pretende hacer notar que el agua, fundamental para la vida, es y será siempre la misma en el planeta, lo que cambia es el creciente número de habitantes, por lo que nuestra relación con ella debe procurarse desde el equilibrio en su uso y cuidado para todos.

El caudal ecológico (o sea, el agua necesaria en los ecosistemas para mantener la biodiversidad), la humedad del suelo, los volúmenes de consumo humano y la generación de energía eléctrica deben ser claves en cualquier política de aguas mundial, federal, estatal y local. Ante la escasez, el consumo humano debe ser prioritario, seguido de la producción agrícola, la generación eléctrica y, por último, el consumo suntuario, ligado a la recreación y, por ejemplo, las bebidas alcohólicas.

A pesar de que la ley de aguas establece este criterio de distribución, en los hechos estas verdades tan simples no se cumplen, sino que se ven deformadas por intereses creados por la industria y corporaciones trasnacionales. Debatir este marco legal desde la presión ciudadana no ha dejado de ser una prioridad política y figura como uno de los temas pendientes de la cuarta transformación. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha dejado claro que prioriza el interés público sobre el privado, como en temas como la fractura hidráulica para la extracción de gas natural, o bien la restricción de permisos para nuevas cerveceras en zonas de fuerte estrés hídrico. No obstante, promulgar una nueva ley de aguas que garantice clara e innovadoramente la defensa del consumo humano como altamente primordial ha encontrado muchas barreras, sigue esperando el llamado sueño de los justos.

El agua es fundamental en la definición de las políticas públicas, un punto que el gobierno de la Ciudad de México tiene muy claro. Privilegiar el uso responsable y diferenciado de acuerdo con oportunidades de acceso me parece una enorme certeza por sostener. La capital del país tiene fuertes problemas hídricos, como sostener su caudal, es decir, la cantidad que necesita en su suelo para mantener la plasticidad, evitar un mayor hundimiento y sostener la estabilidad hidrográfica de una cuenca. La Ciudad de México necesita dar mantenimiento estructural a toda su red hídrica, en escenarios donde los hundimientos de varios metros en varias zonas provocan rupturas estructurales constantes en un sistema de tuberías de asbesto rígidas que no soportan desniveles, por lo que se da lugar a fugas muy importantes. El uso de tuberías de materiales plásticos de alta densidad y elasticidad es una labor que no se ve pero que se cumple todos los días, todo el tiempo. Es tarea cotidiana del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) cambiar la red hidráulica.

Otro aspecto relevante es la distribución y el pago diferenciado del agua. Alcaldías como Iztapalapa, Iztacalco y Tláhuac tienen problemas estructurales de agua, sobre todo por la distribución, mientras que Xochimilco y Milpa Alta alimentan a territorios sin suficiente líquido en el centro de la ciudad. Una paradoja es que las alcaldías que captan agua no reciben beneficios equivalentes y equilibrados con otras con mayor poder adquisitivo, como Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo. Las cuotas por metro cúbico no son justas para quienes acarrean cubetas de líquido cada día.

La cultura ambiental debe virar hacia la consolidación de ríos limpios y saludables, como uno de sus temas centrales. El agua no debe llevar heces, sino ser limpia, cristalina y espacio de recreación, disfrute y relajación

En otras entidades del país existe una tendencia de privatización del manejo de agua. Un ejemplo de esto es el aumento en el consumo de agua embotellada, sencillamente agua pura y cristalina comercializada en refrescos, cervezas y muchas otras bebidas, donde se dispara el valor por mililitro. Es decir, un garrafón de agua en botellas PET cuesta diez mil veces más caro que si tomáramos la misma cantidad de la llave; por ello, resulta loable y justo reconocer los esfuerzos estructurales del gobierno capitalino en procurar una mejor distribución.

Así como, debido a los problemas de contaminación adyacentes, hoy es poco entendible que alguien tenga una chimenea por fines decorativos, estéticos o de confort en la Ciudad de México, es igualmente difícil de entender la coexistencia de residenciales con albercas lujosas y cientos de colonias sin agua cada tercer día. La distribución justa es una prioridad en la que la administración local sigue trabajando.

Una política hidráulica es una política ambiental. En efecto, los refuerzos que hace la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) por mantener paisajes urbanos, parques y áreas protegidas son clave para contribuir al equilibrio natural requerido por la Ciudad de México. El Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva y el programa ambiental y de cambio climático han demostrado, con mapas de análisis de múltiple criterio, que las acciones coordinadas entre distribución de agua, precipitación y temperatura promedio en la ciudad ayudan a la dispersión de partículas y la consolidación de un ambiente más fresco y respirable.

La más avanzada de las iniciativas para cambiar el marco legal en torno al agua es el movimiento Agua para Todos, con importante presencia en la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Sin embargo, las decisiones en política de aguas, es decir, hídrica e hidráulica, tienen que ser revisitadas.

Como ejemplos para contribuir a la estabilidad del suelo de la Ciudad de México figuran la recuperación del Canal Nacional en el Río Churubusco, el proyecto Chapultepec, Naturaleza y Cultura, y la protección a los ríos Eslava, Magdalena y San Buenaventura. Estos esfuerzos ayudarán a cambiar el ambiente y la humedad de la ciudad a nivel estructural.

La cultura ambiental debe virar hacia la consolidación de ríos limpios y saludables, como uno de sus temas centrales. El agua no debe llevar heces, sino ser limpia, cristalina y espacio de recreación, disfrute y relajación. Hay que reconocer la importancia del manejo del líquido, que, como dije al principio, siempre será el mismo mientras nosotros seremos más. Es una responsabilidad cívica cuidar el agua y darle un uso responsable.

Una política ambiental hidráulica en la Ciudad de México podría muy bien contribuir a las prioridades de la cuarta transformación. El agua debe ser para todos, no sólo para quienes pueden pagar por su almacenaje en albercas, garrafones, botellas y tinacos: es un bien público que pertenece a todos.

El Estado debe ser garante del principio de que con el agua no se juega, su futuro sustenta una nación sólida, moderna e innovadora. Así, la creación de grupos ciudadanos que ayuden a la construcción de políticas públicas sería de gran ayuda.

No puede acabar este gobierno sin que exista una nueva ley general de aguas que garantice un acceso al líquido para todas y todos.

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