La visión de lo social: el tiempo nuevo

Columnas Plebeyas

La llamada cuarta transformación se perfila ahora para experimentar un segundo episodio, un nuevo sexenio con un signo inobjetable: hay el apoyo decidido de las mayorías para cambiar todo lo necesario. Este periodo histórico apunta, gracias a la continuidad del proyecto, al surgimiento de un tiempo nuevo. Las comunidades humanas suelen transitar en su evolución por distintos momentos de desarrollo colectivo; cada cierto tiempo lo que cambia no sólo es un gobierno, sino el horizonte civilizatorio que visualiza una sociedad.

Es importante destacar que esta nueva energía de cambio no significa que las contradicciones del subdesarrollo crónico de una economía dependiente del extranjero desaparecerán de inmediato, sino que apenas se están planteando los problemas. De hecho, el apoyo mayoritario otorgado al próximo gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum refleja la decisión de continuar con los procesos estructurales de transformación, reconociendo la necesidad de reorganizar el modelo económico.

Actualmente, todos los países estamos inmersos en la misma dinámica geoeconómica. La interdependencia externa es tan relevante como el clima político interno. Se trata de las condiciones en las que una economía puede reorientar su participación en el mercado global. La transición del mundo unipolar al multipolar es el macroescenario que convierte este momento en una nueva fase de decisiones sobre nuestro futuro en el mundo.

De esta manera, el punto de partida de este nuevo tiempo provee confianza al encontrarnos en un punto de quiebre, con una coordinación de procesos a favor del cambio tanto en el ámbito internacional como en el nacional. Los BRICS —inicialmente, alianza conformada por Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica, a la que se han sumado otros países—, por ejemplo, están mostrando una alta competitividad productiva, tecnológica y militar, lo que obliga al imperialismo financiero, representado por el G7 —Japón, Alemania, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá e Italia—, a reestructurar su estrategia de sobrevivencia. Los poderes que parecían inamovibles hoy enfrentan crisis profundas.

Una lección que nos dejan los BRICS es que no hay una receta general, sino que cada país tiene particularidades que lo definen y que deben ser el principal contenido de los nuevos modelos. Por ejemplo, China define su modelo como socialismo con características chinas, mientras que México define su primer sexenio bajo el símbolo del humanismo mexicano.

El objetivo principal debe ser centrarse en necesidades sociales específicas, sin dejarse influenciar por los “nerviosismos del mercado” que actúan como espantapájaros contra el cambio social. El antídoto contra la especulación ha sido una combinación de estabilidad macroeconómica y el convencimiento social de la estrategia. Aunque los poderes fácticos globales están en crisis, todavía siguen en funciones, por lo que es necesario anticipar los elementos básicos para construir una inserción cooperativa en lugar de una de subordinación. Hay que profundizar en el contenido de lo social y construir el nuevo horizonte civilizatorio que plantea el humanismo mexicano. 

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