La dictadura imaginada

Columnas Plebeyas

Una dictadura es una forma de gobierno donde el ejercicio del poder se establece de manera vertical, autoritaria y sin límites, por una sola persona o un reducido grupo de ellas. No hay espacio al disenso, pluralidad o diversidad de pensamiento o acción. Esta forma de ejercer el gobierno se caracteriza por la disolución de garantías individuales y derechos, es decir, la sociedad pierde la posibilidad de agruparse, reunirse, asociarse, de protestar, accionar o expresarse libremente; no existen instituciones democráticas ni división de poderes, ya que todas las decisiones recaen en una sola figura. Se controlan los medios de comunicación, se homologan los mensajes y contenidos dirigidos a la población, se censura con severidad a quienes se articulen en contra del líder, las normas o las ideas impuestas. 

Los líderes en las dictaduras se perpetúan en el poder por muchos años a través de fraudes, modificación de constituciones, decretos o sucesiones directas. También se caracterizan por utilizar la fuerza armada del Estado (el ejército y la policía) para establecer control. En pocas palabras, se instaura un régimen de terror que deja muy poco espacio para la acción. A lo largo de la historia han existido y existen muchos tipos de dictaduras, caracterizados, además, por asesinar, torturar y encarcelar a millones de personas opositoras. Por poner algunos ejemplos: la dictadura nicaragüense mantuvo un Estado de terror y sistema de guerrillas por más de 40 años, en ese periodo se cometieron una serie de crímenes de lesa humanidad, incluidos secuestros que separaron a familias enteras; la dictadura dominicana, que duró 30 años, asesinó a más de 50 mil personas; en Paraguay se estimaron cerca de 130 mil víctimas de una dictadura que duró unos 35 años; en Chile se contabilizaron más de 40 mil víctimas y más de tres mil personas desaparecidas; en la dictadura de Haití se asesinó de manera violenta a más de 60 mil personas, el presidente se declaró vitalicio y heredó el poder a su hijo, que también fue declarado vitalicio; en la dictadura argentina, además de violación de derechos humanos, torturas, encarcelamientos y asesinatos de opositores, se robaron y secuestraron a más de 400 bebés, cambiando por completo la vida de muchas personas. Y así podríamos seguir con ejemplos de crueles dictaduras hasta la actualidad. 

Una dictadura es un sistema de gobierno donde la represión es un recurso indispensable para mantener el control. Decir que en México vivimos en una dictadura es una narrativa deshonesta que desdibuja la historia y minimiza el sufrimiento de muchos pueblos. Algunos comunicadores y empresas de comunicación que están en contra del presidente de México se han dado a la tarea de reproducir estos discursos, que tienen como objetivo sembrar la idea de que Andrés Manuel López Obrador es un dictador y que vivimos o vamos rumbo a una dictadura. Sin embargo, lo observable es que desde hace aproximadamente 18 años todos los días en alguna señal de comunicación concesionada al Estado alguien habla mal (porque puede) del presidente, antes candidato y jefe de gobierno de la Ciudad de México. En 2005 le violentaron sus derechos políticos, en 2006 construyeron una campaña sucia en su contra, llamándolo “peligro para México”. Desde entonces, no ha pasado un solo día en el que no se le insulte, invente o compare con algún dictador, asesino o personaje poco querido, se ha dicho que es como Fidel Castro, como Hugo Chávez, como Adolf Hitler y como Donald Trump, se han metido con su familia y con su esposa, han hecho marchas en su contra, escrito infinidad de libros, artículos, textos y realizado conferencias donde lo critican, le han hecho caricaturas, videos, audios, series, programas, montajes o imágenes donde lo discriminan o ridiculizan. Y nadie ha ido a la cárcel por ello. 

En México se siguen celebrando elecciones y la división de poderes sigue intacta. La democracia se va construyendo día a día. Y hoy más que nunca la gente sabe que tiene voz, voto y que puede formar parte de un gobierno y de la toma de decisiones. El presidente goza de gran popularidad y simpatía genuina de parte del pueblo, es en sí un fenómeno que no se había visto en México desde hace mucho tiempo.

La dictadura sólo está en la imaginación de sus opositores, quienes no se cansan de insultarlo en cadena nacional. 

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