Construcción social del riesgo

Columnas Plebeyas

La humanidad convive constantemente con riesgos que, al no ser modificados o mitigados, podrían generar un impacto social o económico hacia el futuro, así como derivar en emergencia o desastres. 

Hoy existe una serie de factores que, combinados entre sí, colocan a las personas en situaciones de vulnerabilidad ante distintos fenómenos perturbadores, de origen natural o antropogénico. Podemos clasificar estos factores como físicos, que van desde la calidad de las construcciones, los asentamientos en zonas de riesgo, el crecimiento sin planificación, la falta de mantenimientos, etcétera; y sociales, como las costumbres, educación, situación legal, género, elementos ambientales y económicos, que en su conjunto influyen en otorgar un nivel de riesgo a determinada población ante alguna amenaza.

Es decir, los desastres naturales no existen porque la naturaleza por sí misma no genera desastre. Lo que existe son fenómenos naturales y fenómenos perturbadores de distinto tipo que, en conjunción con varios factores, pueden devenir en emergencia o desastre. 

Desde hace varios años a nivel internacional se han suscrito una serie de acuerdos para la reducción del riesgo de desastres. En 2005 se acordó el Marco de Acción de Hyogo, respaldado por 168 países, con la finalidad de fortalecer la cooperación internacional y la planificación de acciones para la reducción de desastres. En 2015 se adopta el Marco de Sendai, que establece objetivos específicos a nivel local e internacional encaminados a ejecutar acciones que contribuyan a mitigar riesgos y salvaguardar la vida de las personas. Desde este marco de acuerdos es como hoy día hablamos de Gestión Integral de Riesgos de Desastres para referirnos a la atención y prevención de las emergencias. El enfoque de la Gestión Integral del Riesgos reconoce que los desastres no son producto de la naturaleza, sino de procesos, decisiones y acciones humanas. Este enfoque exige un conocimiento amplio de las amenazas, análisis y participación activa de distintas instancias, incluidas la sociedad y la iniciativa privada. 

Es importante que hablemos de los riesgos que nos rodean, sus posibles causas y consecuencias, así como los peligros que nos acechan. Necesitamos incorporar en nuestro quehacer cotidiano la perspectiva del riesgo, saber que es algo con lo que convivimos cotidianamente y que podemos prepararnos, conocer y ejecutar las acciones pertinentes que le tocan a cada persona desde su distinto campo de acción.  

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