Por Francisco Vázquez Salazar
Dedico esta primera columna a la memoria del poeta Kuitlauak Macías, búfalo blanco que hoy pasta praderas de la eternidad.
“La calle de esperanza está desierta”, es un verso del poema número 6 del libro “Poemas muertos” del escritor Kuitlauak Macías, uno de los fundadores del colectivo Poetas en Construcción, de Ciudad Nezahualcóyotl, y que escribió en el lejano 1987, cuando se caldeaba una nueva fase en la historia de México.
Desde su filosofía de hombre libre, combativo, de izquierda, hoy Kuitlauak no tendría empacho en llenar el verso con la multitud de las muchas esperanzas que viven en el México de 2026.
Porque la calle es de quien vive sus latidos y sonoridad siendo parte de ella, conoce y es reconocido por la comunidad, la camina como uno más, cuesta abajo o cuesta arriba, ensalzando las voces que se ensanchan en una banda de tristezas y alegrías, pero que poderosamente existen, tararean, demandan, asientan.
El México del régimen de partido único, medios e intelectuales alineados, líderes de opinión acríticos, oligarquías enraizadas y pueblo maltratado podía despojarse de cualquier invocación a la esperanza y a la dignidad, y seguramente por eso el poeta la echaba de menos.
Kuitlauak, como muchos otros artistas y pensadores de la periferia, tuvo siempre de su lado el tumulto de la calle. Hay que saber ganarse este espacio con trabajo genuino, fidelidad de principios, solidaridad necia y cercanía con los colectivos.
Por eso, difícilmente veremos en las calles -haciéndose de ellas- a quienes ven al otro o la otra con indiferencia o displicencia. No está en su sino la democracia del peatón, no aceptan que haya un lugar de iguales que piensan y que crean, que ven como alcanzable lo que sea desea, de ahí que se rompen cuando pretenden tomarlas.
La calle es porque el pueblo la camina, ese que ahora se ha puesto en el corazón de todas las cosas, que es el centro de la política, que ha elegido en su gran mayoría ir del lado de la conciencia social, la dignidad, la justicia y la paz duraderas porque justamente se construyen desde sus casas y en sus patios comunes.
“¿Quién sostiene la noche con su risa?”, pregunta el poeta Kuitlauak en su Poema Sur incluido en su libro póstumo Pájaros de tanto viento. Que no quepa duda si contestamos: el pueblo en la calle esperanza.