COLUMNAS PLEBEYAS
Preguntas en torno a los Archivos de Epstein - Sentido Común
Digo que el mundo no parece convulsionarse porque no deja de ser trágicamente notorio cuánto hemos normalizado la barbarie.
06/02/2026
Mientras escribo esta nota, el mundo no parece convulsionarse al conocerse, este fin de semana, la punta del iceberg de los llamados Archivos de Epstein: un conjunto de documentos disponibles para las autoridades judiciales en Estados Unidos, relacionados con los clientes del delincuente sexual infantil Jeffrey Epstein, muerto en prisión en 2019. Estos materiales presuntamente involucran a prominentes miembros de las élites políticas y económicas de Occidente, incluido el presidente de la Unión Americana, Donald Trump.
Digo que el mundo no parece convulsionarse porque no deja de ser trágicamente notorio cuánto hemos normalizado la barbarie. El contenido que se ha hecho público de este paquete de información es absolutamente abominable y repulsivo, especialmente porque las atrocidades ahí narradas son cometidas por personas que tienen en sus manos decisiones que afectan a millones de personas, además de las innumerables víctimas afectadas a lo largo de muchos años.
Nunca será suficiente la indignación pública en torno a la mayoría de los crímenes mayores, especialmente aquellos de los que se conocen detalles o que son sencillamente imposibles de negar, como el genocidio en Gaza, por hablar tan solo de uno de los más recientes.
Sin embargo, me parece que lo más aterrador es precisamente que pareciera que ya nada sorprende, en parte porque no existen consecuencias para los culpables ni justicia para las víctimas. Pero también porque, después de tantas y tan reiteradas infamias relatadas 24/7, casi en tiempo real, nos hemos habituado a la derrota, a sentir que no hay nada que podamos hacer ante este escenario caótico de crueldad inconmensurable.
Tampoco es que sea algo nuevo. Es sabido que la generalidad de las élites carece de la ética más elemental y que su única moralidad es la de la ganancia a costa de todo y de todos. Pero parece confirmarse que, al menos hoy, el mundo está en manos de una camada de monstruos, de psicópatas podridos que superan cualquier ficción.
Sin querer hacer ninguna clase de eco a las teorías de conspiración, es imposible no hacerse algunas preguntas: ¿por qué fue en este momento que se decidió hacer pública una parte de estos archivos? ¿El hacerlo abona a normalizar la barbarie o tendrá efectos contrarios a este adormecimiento colectivo? ¿Habrá consecuencias políticas reales o es una sofisticada estrategia legal y mediática para hacer parecer que todo esto “ya pasó”?
De cualquier modo, lo que quiero expresar es que, independientemente de lo que ocurra en el corto plazo, estamos ante un momento inédito que sí tendrá consecuencias, aunque no en los tiempos y las maneras esperadas.
Es posible que este suceso, como parte de una época en la que se están comenzando a sacudir seria y visiblemente las estructuras económicas y políticas de Occidente, conduzca a entender más profundamente y, por lo mismo, a transformar los cimientos del ejercicio del poder.
Y seguramente las generaciones más viejas que habitamos actualmente el planeta no vamos a ver el resultado de esta posible metamorfosis, pero por lo pronto sí estamos obligados, quienes tenemos el privilegio del acceso a la información, a que nuestra respectiva manera de ejercer y relacionarnos con el poder contribuya a construir realmente el cambio cultural que, a su vez, conduzca a la formación de una nueva ética que supere la depredación tanto de los cuerpos humanos como de la Tierra misma.