De lo que se trata
No creemos que sea el momento de ignorar a la ultraderecha, ni mucho menos de debatir con ella. Es tiempo de denunciarla.
No creemos que sea el momento de ignorar a la ultraderecha, ni mucho menos de debatir con ella. Es tiempo de denunciarla.
Chelo
La prueba más palpable de la desesperación de la derecha neoliberal ante la consolidación de la Cuarta Transformación (4T) es que recurre cada vez más a la violencia.
La ultraderecha, al igual que la derecha tradicional, cree que todas las desigualdades son naturales y que, por tanto, el Estado no debe hacer algo para reducirlas.
La frase de presentación del panismo es ahora “Patria, Familia, Libertad”, tres palabras que, juntas, denotan una orientación fascista.
El cierre del 2025 ya pintaba un panorama, en lo que concierne a lo político-electoral, que revelaba números de una creciente tendencia por favorecer opciones políticas de derecha e incluso de ultraderecha.
Donald Trump terminó remedando a Reagan: Let’s make America great again (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) fue el lema de campaña de este último en 1980.
Desde 1954, el anticomunismo, bajo la coartada de proteger a Latinoamérica de una “amenaza externa soviética”, perpetró diversas asonadas militares, represión, violación de derechos humanos, y fue la seña de identidad de casi todos los Estados de la región.
¿Quién dicta esas reglas? ¿Quién decide lo que puede decirse y lo que no puede decirse en las conversaciones, según sus interlocutores y contextos? ¿Quién determina lo que es normal?
La derecha y, aún más, la ultraderecha impulsan una manera compulsiva de producir, bajo la lógica de la reproducción ampliada del capital, que está profundizando una crisis ambiental.