COLUMNAS PLEBEYAS

Todos los caminos conducen a México - Sentido Común

Es probable que México sea el premio mayor en la estrategia del hegemón pirata. Pero para alcanzarnos, nos arrincona poco a poco.

18/06/2026

Por Federico Anaya Gallardo

 

En este espacio apunté que, en las negociaciones de paz con Irán, el imperio estadounidense podría haber tenido delegados de paz de más altura, como los que enviaba el Conde-Duque de Olivares para parlamentar con la jauría de potencias emergentes que rodeaban al grandioso pero reumático león español.

 

Pero ni siquiera el más brillante de los diplomáticos podría curar las heridas autoinfligidas que el trumpismo ha causado en el cuerpo político de la república más antigua de nuestro hemisferio. Hace dos meses, desde el Departamento de Estado, Little Marco señalaba que el imperio estaría satisfecho con que el Estrecho de Ormuz quedase libre al tránsito, sin peajes. Es decir, que su línea base era el statu quo antes de la guerra que el mismo imperio estadounidense destruyó al iniciarla. Una notable humillación. El 17 de junio de 2026, en una reunión del Grupo de los Siete países centrales del capitalismo, el tirano Trump firmó su conformidad con esa impresionante derrota geopolítica.

 

¿Qué significa eso para México? Mayores peligros. Pese a su estupidez y su soberbia, la élite trumpista sabe que ha sido vencida en Medio Oriente. Necesita compensar. Hace un mes (12 de mayo) el tirano publicó en Truth Social un mapa de Venezuela cubierto con la bandera de las barras y las estrellas. Abajo, la leyenda “51st State”. Cada semana de negociaciones yanquis con la República Islámica de Irán vimos multiplicarse las amenazas contra la República de Cuba. En ese mismo periodo nos enteramos de que el narcotraficante hondureño Juan Orlando Hernández —convicto e indultado por Estados Unidos— conspiraba con dólares de Trump, Milei y Netanyahu para intervenir en la política interna de Colombia y México. Llevamos semanas en que un día sí y el otro también alguna agencia estadounidense arremete contra México.

 

Lo queramos ver o no, somos parte de la guerra que el tirano Trump desató al atacar a la República Bolivariana de Venezuela en enero de 2026. De hecho, es probable que México sea el premio mayor en la estrategia del hegemón pirata. Pero para alcanzarnos, nos arrincona poco a poco. Así debemos leer la denuncia de los trumpianos contra el movimiento popular en Bolivia; su aplauso al fujimorismo en el Perú; la injerencia en las elecciones colombianas (vía su peón ecuatoriano); los guiños al bolsonarismo golpista en Brasil; las maniobras militares yanquis en Guatemala.

 

Ante este ataque estadounidense, México debe fortalecer su posicionamiento por la paz y la autodeterminación de todos los pueblos. Pese a la distancia, debemos endurecer nuestra voz en defensa de Palestina y, dentro de nuestras fronteras, aclarar lo que la sociedad civil teme que sean actos de injerencia israelí en Chiapas y el Estado de México. Debemos fortalecer el litigio internacional de nuestros diferendos con el Ecuador de Noboa y el Perú fujimorista —protegiendo a quienes nos solicitaron asilo político—. Nuestro pueblo se pregunta por qué México no ha enviado petróleo a Cuba. Visto está que nada complace al tirano. ¿Por qué no actuar más y mejor en nuestra principal frontera marítima? La caída de La Habana ante Estados Unidos implica un riesgo existencial para México.

 

Algo de bueno hay en la irresponsable y errática política del tirano Trump. Nos ofrece la oportunidad de evaluar con frialdad las fortalezas geopolíticas de nuestro país.