COLUMNAS PLEBEYAS
Fracking, un paso necesario para la soberanía - Sentido Común
EE. UU. tiene como punta de lanza su política de dominio energético, mediante la cual pretende someter a todos los países.
24/03/2026
El mundo ha cambiado de manera irreversible. La estrategia de Estados Unidos de pelearse con sus aliados y enemigos por igual ha generado un clima en donde cada quien debe velar por sus intereses. La mentira de la paz mediante la codependencia ha quedado sepultada y en su lugar ha surgido la dependencia asimétrica como moneda de cambio. EE. UU. tiene como punta de lanza su política de dominio energético, mediante la cual pretende someter a todos los países. La invasión en Venezuela, así como la guerra en Irán, tienen un propósito claro: controlar el suministro de petróleo para disminuir la capacidad de China de abastecerse. En ese contexto, se vuelve sumamente relevante una política que comenzó en 2018 para recuperar la soberanía energética de México.
Política de larguísimo aliento, que se enfrentó a intereses diversos, pero que ahora, vemos cómo se comienzan a tener dividendos de ella. Las importaciones de gasolina han bajado al mismo tiempo que la producción local ha aumentado. Las pérdidas de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) se han reducido de manera significativa y se ha logrado algo que parecía muy lejano, dejar de perder dinero en la refinación.
Sin embargo, existe otra pieza fundamental en el rompecabezas del mix energético: el gas natural. El 60% de la generación de electricidad se hace utilizando turbinas de ciclo combinado que utilizan esta fuente de energía como combustible, pero el 74% del gas natural es importado de la Unión Americana. Esto no es casualidad, es el resultado de la dañina y totalmente innecesaria Reforma Energética de 2013, que nos llevó a perder la soberanía energética en 2015. Se promovió la construcción de gasoductos que atravesaban todo el país, y al mismo tiempo se abandonó la industria nacional bajo el argumento de “no hay dinero”. Curioso, porque todos los proyectos tuvieron como cliente “ancla” a la CFE, empresa estatal mexicana, y participación de la banca pública.
¿Cómo resolver esta dependencia que dejó el peñanietismo? De la misma manera que el vecino del norte se volvió dominante en el sector petrolero: mediante el fracking, o la explotación de yacimientos “no convencionales”. Estos yacimientos se encuentran principalmente en la cuenca Pérmica ubicada en el estado de Texas, el sur del estado, para ser más precisos. Dichas formaciones geológicas no se detienen en las fronteras humanas, por lo que México tiene grandes reservas tanto de petróleo como de gas en los estados de Tamaulipas y Nuevo León.
La presidenta ha anunciado que se permitirá llevar a cabo este tipo de producción, la cual, en tiempos modernos, ha reducido de manera muy significativa su impacto ambiental, ya que la meta es reducir la dependencia del 74% al 50% para el 2030. Sin embargo, voces críticas auguran que no existe la tecnología ni la capacidad técnica en PEMEX para hacerlo. Habrá que ignorarlas, ya que dicha empresa sabe cómo hacerlo, pues es similar a las “técnicas de recuperación avanzada en campos convencionales” que actualmente operan.
También es importante no escuchar a las ONG, ya que actúan como un lobby del gas natural estadounidense. La razón es tan sencilla como seguir el dinero que reciben; si uno lo sigue lo suficiente, acabará siempre llegando a donantes muy cercanos a la agenda MAGA y al pro dominio energético de Estados Unidos. Por último, esto puede ser un parteaguas total en el destino del país. Recuperar la soberanía energética sería una pieza fundamental para asegurar la calidad de vida, los derechos y libertades del pueblo de México en el futuro.