COLUMNAS PLEBEYAS
La guerra contra las niñas - Sentido Común
Élites globales, clasistas, racistas y criminales espectacularizan la violencia a través de medios masivos de comunicación y redes sociales.
05/03/2026
Sucesos recientes de alto impacto contra las niñas y adolescentes han convulsionado al mundo: a quienes consideramos que la vida de las niñas y niños merece toda nuestra protección y cuidados. Me refiero a la desclasificación de los Archivos Epstein, al asesinato de miles de niñas y niños en Gaza y, ahora, el ataque militar por parte de Estados Unidos e Israel a una escuela de niñas en Minab, Irán, que dejó alrededor de 168 víctimas mortales entre niñas, adolescentes y personal docente. En todos estos actos criminales, los perpetradores han puesto su foco de agresión especialmente en niñas y adolescentes, enviando un mensaje de deshumanización profunda y evidenciando los bajos umbrales de sensibilidad humana que se instala como símbolo de la época que vivimos.
Con los Archivos Epstein hemos podido conocer el horror de una red de pederastas de élite política y económica global, creada por el magnate y depredador sexual estadunidense Jeffrey Epstein y su pareja Ghislaine Maxwell, quienes traficaron a cientos de niñas y adolescentes para explotación, violación y abuso sexual, del que se beneficiaban políticos, empresarios y figuras del mundo del espectáculo de alto nivel.
Dentro de dicha red de pederastas se encuentran mencionados y señalados el ex príncipe inglés Andrew Mountbatten-Windsor, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, el magnate Bill Gates, el cineasta Woody Allen, así como Donald J. Trump, actual presidente de Estados Unidos de América, de quien se tiene amplia evidencia que fue amigo cercano de Epstein -aunque ahora aquél lo niegue-.
El conjunto de los archivos es tan vasto y complejo que aún no se conoce ni el veinte por ciento de su totalidad. Pero los contenidos que sí se conocen son absolutamente perturbadores por contener videos y fotos en los que están niñas con vestuario sexualizado y/o abrazadas o en las piernas de hombres adultos; conversaciones en torno a posible canibalismo, asesinato de bebés y “fiestas salvajes”, como expresó en los archivos, el magnate Elon Musk. La trama de esta perversa historia es insondable, pues generó también un entramado de chantaje de alto nivel, en tanto toda participación de estos personajes en la Isla Epstein (que era uno de los lugares donde ocurría el horror) u otro de los lugares asociados eran videograbados.
Epstein ofreció a las niñas y a las mujeres como regalos a otros hombres convirtiéndolos en asociados en el intercambio (en el que las niñas son el regalo), eso que Gayle Rubin explica tan bien en su emblemático texto El tráfico de mujeres (1975). El vínculo es entre hombres, lo que circula como objetos son las mujeres, en este caso las niñas y las adolescentes, especialmente. Aún está por conocerse a fondo la calidad del vínculo que establecieron esos hombres y los efectos en decisiones de política y economía que pudieron tener a raíz de esta asociación mafiosa en la que se explotaba sexualmente a niñas.
Esa asociación mafiosa, mayoritariamente masculina, es la expresión más degradada y perversa de una élite global supremacista, colonial y neofascista que está llevando a una gran parte del mundo a la guerra. La misma que tiene a la cabeza a Netanyahu y a Trump, bombardeando escuelas de niñas. Así sucedió el pasado sábado 28 de febrero en Minab, en la provincia de Hormozgan, al sur de Irán, al llevar a cabo un ataque un ataque aéreo-militar iraeslí-estadunidense contra una escuela primaria femenina, asesinando a más de 165 niñas y adolescentes, además de personal docente de la escuela. No fue un error de cálculo militar. No fueron “daños colaterales”. Fue un ataque perfectamente planeado.
Forma parte de ese proyecto infatogenocida del que Israel tiene ya larga experiencia sin consecuencias concretas por sus responsabilidades penales internacionales como perpetrador de delitos de lesa humanidad contra la población palestina. Parafraseando a Rita Segato en La guerra contra las mujeres, en estas particulares guerras —unas atípicas y las recientes, más convencionales— el foco está puesto en agredir a cuerpos frágiles, no se trata de cuerpos guerreros, “por eso manifiestan tan bien, con su sufrimiento, la expresividad misma de la amenaza truculenta lanzada a toda la colectividad (…) Nos envían a toda la humanidad “un mensaje de ilimitada capacidad violenta y bajos umbrales de sensibilidad humana” (Segato, 2016).
La guerra contra las niñas que estamos viendo en vivo forma parte de un capitalismo gore (Sayak, Valencia, 2010), ahora lidereado por élites globales, clasistas, racistas y criminales que espectacularizan la violencia a través de medios masivos de comunicación y redes sociales; que despojan, que se alimenta de la vida y la sangre de los más vulnerables. Especialmente, sobre cuerpos vulnerables. Sobre las niñas y sobre las infancias.
Urge que esta gran mafia global neofascista sea llevada a tribunales y cumpla su condena por las atrocidades cometidas.