Por Alonso Romero
Con la segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, se comenzó con una nueva era en la consolidación de los movimientos de ultraderecha a nivel internacional. Organizaciones anteriormente consideradas marginales, como la Alternative für Deutschland (AfD) en Alemania, se han vuelto fuertes contendientes a conquistar el gobierno en sus respectivos países. No es casualidad; es parte de un movimiento coordinado a través de organizaciones como Atlas Network y la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC). Esto ha generado un sentido de “pertenencia” a un proyecto global de derecha en diversos sectores y, sobre todo, en México, ha envalentonado a que esos sectores se sientan parte y protegidos por estos “movimientos”. Pero la solidaridad nunca ha sido parte de las estructuras de la ultraderecha. Esa interpretación errónea de parte de las élites locales en países distintos a Estados Unidos se ha convertido en un riesgo gigantesco para los países, ya que los expone a sabotaje interno para después únicamente funcionar bajo los intereses de quienes gobiernan en EEUU.
Y ¿quiénes gobiernan EE.UU.? ¿quiénes son los que están detrás de esta ola de la ultraderecha? Los famosos tecnofeudalistas. Para entender la gravedad del peligro que representan, hay que estudiar a Peter Thiel, padrino político de J.D. Vance, el vicepresidente de esa nación. Vance era un antitrumpista declarado previo al inicio de su carrera como senador, la cual únicamente fue posible por su relación con Peter Thiel. Por su parte, Thiel es inversionista en Meta, amigo de Elon Musk, fundador de Palantir (empresa detrás del Pentágono y de las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas —ICE—) y líder ideológico y moral de los tecnofeudalistas. Él es quien acercó a Trump con la élite tecnológica de Sillicon Valley y Seattle, quienes apoyan y moldean activamente la ideología detrás del trumpismo y la ultraderecha que se ha apoderado de la Unión Americana.
¿Y qué quiere esta ultraderecha en Estados Unidos? Dominio total: volver a la época del colonialismo más salvaje que ha existido, pero con una justificación divina. No, no es broma; basta leer el libro “La República Tecnológica”, que escribe Alexander Karp, socio fundador y CEO de Palantir, y que comparte la ideología que sustenta las actuaciones de todo el grupo. Su misión “divina” es utilizar todos los recursos a su disposición para fortalecer, mantener y expandir el imperio estadounidense y proteger y salvaguardar la raza blanca. El papel del capital y de los capitalistas de EE.UU. debe ser dotar de herramientas tecnológicas y militares para lograrlo. Ven a las demás “naciones” y culturas como inferiores y como una amenaza real a la humanidad.
No buscan expandir los valores democráticos, derrocar al comunismo, ni pelear contra la izquierda, ni liberar a los pueblos de la tiranía; buscan someter a todos los países al imperio santo de EE.UU. Eso es algo que la ultraderecha mexicana, encabezada por Ricardo Salinas Pliego y los remanentes de la Marea Rosa, debe entender. No son parte de un grupo fraterno que los ve como iguales; son peones que utilizarán para desestabilizar el país y dotar de legitimidad las intervenciones extranjeras. Una vez logrado eso, no serán ungidos como los libertadores del país; serán desechados. Ahí está el ejemplo de María Corina Machado.